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Full text of "Abanicos y panderetas, o, !A Sevilla en el botijo! : humorada satírica en tres cuadros"

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Ib 


SERAFÍN  Y  JOAP'N  ÁLVAREZ  QUINTERO 


ABANICOS  Y  PANDERETAS 


o 


lÓ  SEVILLR  EH  EL  BOTIJO! 


HUMORADA  SATÍRICA  EN  TRES  CUADROS 


con  música  del  maestro 


WfOF^EM^I'O     OHiVF»! 


4I»#«HI*« 


Iví:  -A.  ID  i^  I  u 

SOCIEDAD  DE  AUTORES  ESPAÑOLES 

Salón  del  Prado,  14,  hotel 

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I 


ABANICOS  Y  PANDERETAS 


6-'r^'*«-**-<_'    a^x-^-^^-^^ 


1 


Esta  obra  es  propiedad  de  sus  autores  y  nadie  po- 
drá, sin  su  permiso,  reimprimirla  ni  representarla 
en  España  ni  en  los  países  con  los  cuales  se  hayan 
celebrado  ó  se  celebren  en  adelante  tratados  interna- 
cionales de  propiedad  literaria. 

Los  autores  se  reservan  el  derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  y  representantes  de  la  Sociedad 
de  Autores  Rspañoles  son  los  encargados  exclusivamen- 
te de  conceder  ó  negar  el  permiso  de  representación 
y  del  cobro  de  los  derechos  de  propiedad. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


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ABANICOS  Y  PANDERETAS 

O 

¡Á  SEVILLA  EN  El  BOTIJO! 


wiMm  satírica  es  tres  cuadros 


DB 


serafín  y  JOAQUÍN  ALVAREZ  (¡UINTERO 


con  música  del  maestro 


RUPERTO   CHAPI 


Estrenada  en  el  TEATEO  DE  AFOLO  el  10  de  Julio  de  1002 


\ 


-*- 


MADRID 

«.  VKLASCO,  IMT.,  MARQUh'S   DE  SANTA   ANA,  11  DÜP.' 

Teléfono  número  651 

1902 


REPARTO 


PERSONAJES  ACTORES 

LOLA Seta.  Pino. 

PEPA Gakcí  A. 

SEÑA   BLASA f^EA.      RODEÍGUEZ, 

MATRUQUI Se.       Caekeeas. 

GAMERO Snió-RASO. 

CORRUGO Seta.  Tabeenee. 

MANOLO Se.       Ruesga. 

MOZO  1 .0 K'-'iz  DE  Aeaxa  » 

ÍDEM  2.0 SoEíANO. 

UN  ZAGALÓN Picó. 

UN  ESTUDIANTE De  Fbaxcisco. 

EL  OJALES MliQUEZ. 

LOLA Seta.  Pixo. 

MANUELA Ska.     Toeees. 

MATRUQUI Se.       Caeeeeas. 

CORRUCO Seta.  Tabeexee.                  i 

CAIRELES Beú 

DON  RAMÓN Se.       Solee. 

BARTOLO Feeííández.. 

TÍO  PINGAN DÍ Simó-Raso. 

UN  INGLÉS Caeeión. 

DON  CRISANTO Ramieo. 

Majas,  majos  y  toreros 

LOLA Seta,  Pino, 

MATRUQUI Se.       Caeeeeas, 

SEÑÓ  JUAN Mesejo. 

ANTONIO Feknáxdez.- 


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CUADRO  PRIMERO 


;Sala  de  equipajes  en  la  estación  de  un  pueblo  de  la  linea  andaluza, 
cercano  a  Madrid.  A  la  derecha  del  actor  una  puerta  que  comuni- 
ca con  el  andén.  En  el  foro  otra  que  da  entrada  al  pueblo,  por  la 
que  se  ve  el  campo.  A  la  derecha  de  ella  una  mesa  cubierta  con 
un  paño  blanco,  donde  vende  una  vieja  vinos,  agua,  aguardiente, 
rosquillas,  pin,  tabaco,  etc.,  etc.  En  la  pared  de  la  izquierda,  cer- 
ca del  foro,  la  ventanilla  del  despacho  de  billetes.  Paralelo  á  esta 
pared  un  mostrador  corto.  Adosados  al  muro,  en  todos  los  huecos 
•de  la  sala,  bancos  de  madera.  En  las  paredes  carteles  de  anuncios 
■de  trenes  y  fiestas.— Es  por  la  mañana. 


ESCENA  PRIMERA 

MATRUQUr,    CORRUCO    y   la    SEÑA    BLASA 

((jlatruqui,  sentado  á  la   derecha;  Corruco,   paseando;    la  seña  Blasa, 

sentada  en  una  silla  tras  de  la  mesa  en   que   vende   sus   mercancías. 

Sobre  el  mostrador  un  maletín  y  dos  ó  tres  líos,  de  Matruqui.) 

Seña  B.  Ya  han  dao  la  salida  del  otro  pueblo:  ya  no 
tarda  en  venir.  A  lo  más  diez  minutos. 

Mat.  Diez  ó  veinte.  El  botijo  se  recrea  mucho  en 

el  paisaje. 

OoR.  ¿Va  usté  á  Seviya? 

Mat.  Sí,  señor:  á  pa^ar  la  feria.  Me  han  pondera- 

do tanto  aquéllo  que  ya  no  puedo  resistir  la 
tentación. 

Cor.  Aquejo  tiene  ange.  ¿Usté  es  er  médico  de 

aquí? 

Mat.  No,  señor;  el  secretario   del  A^-untamiento. 

¿Y  usted  va  también  á  Sevilla? 


608974 


—  6  — 

Cor.  Yo  3'egué  anoche  de  Madii.  Yo  mato  aquí 

en  las  fieítas. 

Mat.  Ah,  vamo?.  Según  eso  es  usted... 

Cor.  Juan  Osuna,  Corruco;  pa  servirle.  Estoy  es- 

perando al  otro  mataó,  Manuf-r  Díaz,  El 
Ojales,  que  debe  vení  en  er  botijo. 

Seña  B.       ¡Pues  también  son  ganas  de  pagar  el  billete 
hasta  Sevilla  para  quedarse  a':iuí! 

Cor.  ¡Qué  ha  de  paga,  señora!  Vendrá  de  incór- 

nito. 

Mat.  /,Cómo  de  incógnito? 

Cor.  Uebfijo  de  un  atiento;  como  vine  yo. 

Mat.  ¡Hombre!  ^.Y  que  tal  se  viaja? 

Cor.  lAr  pelo!  ¡Si  eso  del  eslipin  es  una  tontería!. ., 

Y  que  de  aquí  á  Madrí  hay  mu  poco  trecho. 
Yo  vine  en  la  gloria.  Carcule  usté  que  ar  sali 
de  Madri,  un  vinatero  que  iba  en  er  coche 
metió  su  merienda  debajo  del  asiento  donde 
yo  estaba.  ¡No  le  digo  á  usté  más! 

Mat.  Ya  me  hago  cargo.  Vagón  restaurant  inclu- 

sive. 

Cor.  Eso. 

Mal  Pues,  hombre,  yo  creía  que  el  toreo  daba 

para  algo  más. 

Cor.  Como  no  dé...  Ar  prinsipio  na  más  e  dijus- 

tos.  To  se  lo  comen  los  matacres  de  carté. 
¡Y  cuidao  que  ha?e  uno  honifuras  por  (stos 
pueblos!  Si  lo  vieran  los  revisteros  de  Ma- 
drí... 

Mat.  Oiga  usted:  ¿y  la  cuadrilla  viene   también 

ahora  de  incógnito? 

Cor  .  ¡Qué  cosas  tiene  usté!  ¿La  cuadriya  va  á  via- 

ja coino  er  mataó?  ..  La  cuadriya  vendrá 
mañana  en  los  topes. 

Mat.  ¡Pues  son  ustedes  una  ganga  para  la  Com- 

pañía! 

Cor.  ¿y  qué  se  le  va  á  basé?  Ya  se  goiverá  la 

tortiya  y  nos  impondremcs  á  las  empresas. 

Mat.  Yo  me  alegraré  mucho. 

Seña  B.       (a  Matniqui,)  ¿No  esperaba  usté  al  médico? 
Ahí  llega  á  caballo. 

Mat.  (Levantándose.)  Sí;  me  dijo  que  vendría  á  des- 

pedirme. 

Cor.  ¿Es  ese?  ¡Lo  que  me  hubiera  á  mí  gustao- 

irme  de  este  pueblo  sin  conosé  ar  médicol... 


ESCENA  II 

DICHOS   y   GAMERO 

GaM.  (Por  el  foro,  hablando  hacia  dentro.  En    la  mano  trae 

un  paquete  de  confitería.)  Ten  CUidaO  COn  la  jaca, 

niño. 
Max.  ¡Amigo  Gamero!  ¿Para  qué  se  ha  molestado 

usted? 
Gam.  ¿Quié  usté  cayarse,  hombre?  ¿De  manera 

que  lo  meto  á  usté  po  er  paso  pa  que  vaya  á 
mi  tierra,  y  no  vi  á  salí  á  despedirlo?  Tie- 
ne usté  cosas  e  forastero.  (Este  señor  doctor  es 
un  ejemplar  completísimo  de  los  andaluces  de  frases 
hechas  que,  nada  más  que  por  ser  andaluces,  se  con- 
ceptúan jacarandosos,  graciosos  y  simpáticos  á  más  no 
poder  y  molestan  al  resto  de  la  humanidad  que  no 
tiene  tanto  salero  como  ellos.  Cuenta,  además,  entre 
las  muchas  suyas,  la  gracia  de  moler  á  golpecitos  á  su 

interlocutor.)  ¡Ah!  El  encarguito  der  señor  cu- 
ra. (Le  entrega  el  paquete  que  trae.) 
Max,  Hombre,  es  verdad.  Me  lo  anunció  anoche 

y  ya  me  sorprendía  que  no  hubiese  venido. 
Son    rosquetes   elaborados   por  él  que  les 

manda  á  unas  monjas.  (Deja  el  paquete  encima 
del  mostrador.) 

Gam.  Estoy  en  el  ajo. — Denos  usté  una  copita,  se- 

ña Blasa. 

Seña  B.       ¿De  aguardiente,  don  Julio? 

Gam.  ¿Pos  de  qué  va  á  sé,  de  agua  de  Melisa? 

SeñáB.       ¿Fuerte  ó  ñojo? 

Max.  a  mí,  flojo. 

Gam.  (imponiéndose.)  Ar  señó,  triple,  y  á  mí,  cuádru- 

ple. ¡Miste  que  di  á,  Seviya  y  pedí  aguar- 
dientito  flojo!... 

Max.  Yo  creo  que  no  tiene  nada  que  ver  una  cosa 

con  otra.  (Disponiéndose  á  beber.)  En  fin,  SCa  lo 

que  Dios  quiera. 
Gam.  (a  Corruco)  ¿Usté  gusta,  amigo? 

Cor.  Grasias,  señó  dortÓ.    (Apoyado    en    el    mostrador 

presta  oído  al  diálogo  de  Gamero  y  Matruqui.) 

Max.  (Dejando  media  copa.)  ¡Bah!...  ¡Esto  abrasa! 


—  8  — 
Gam.  Hombre,  no  sea  usté  diimisela.  Si  es  lame- 

dÓ.  (Se  echa  al  cuerpo  su  copa  de  un  trago,  y  se  le 
saltan  las  lágrimas  y  le  entra  hipo,  á  pesar  de  su  an- 
dalucismo recalcitrante.) 

Mat.  ¿Lamedor,  eh?  ¿Quiere  usted  un  poquito  de 

agua? 

Gam.  (Tomándolo  á  broma.)  ¡Guasonsíbilis!  ¿Usté  se 

cree  que  he  pasao  un  susto?  Eche  usté  otras 
dos  copas,  seña  Blasa. 

Mat.  Para  mí  no. 

Gam.  (Despreciándolo.)  Eche  usté  otras  dos  copas. — 

[Cómo  lo  envidio  á  usté,  camaraítal  ¡Cómo 
lo  envidio  á  usté! 

Mat.  Pues  ¡hala!  Véngase  usted  conmigo. 

Gam  ¡Ojalá!  Pero  no  pué  sé:  tenemos  corrías  e  to- 

ros estes  días,  y  siempre  hase  uno  farta. 

Cor.  (Echándole  á  Gamero   una  mirada   que  es  un  poema.) 

(¡Miá  qué  grasioso!) 
Mat  .  Pues  lo  siento,  hombre,  porque  así  como  así 

á  mí  no  me  agrada  viajar  solo. 
Gam.  ¿Porqué,  comparito? 

Mat.  Por  la  broma  del  sonambulismo,  que  usted 

me  conoce. 
Gam.  Es  verdá. 

Mat.  Le  aseguro  á  usted  que  en  las  fondas  vivo 

en  un  ¡ay!  Más  de  una  vez  me  he  levantado 

de  la  cama  dormido  como  un  tronco  á  ma- 
tar al  fondista.  Me  da  por  los  fondistas. 
Gam.  ¿y  se  quié  usté  yevá  á  un  amigo  pa  quitarle 

er  gorpe  ar  fondista,  guasón?  ¡tCso  sí  que 

está  güenol 
Mat.  j.Ja,  ja,  jal  (Beben.) 

Gam.  Va  usté  á  vé  una  tierra:  ¡va  usté  á  vé  una 

tierral  ¡Le  digo  yo  á  usté  que  va  usté  á  vé 

una  tierra! 
Mat.  Si  ya  lo  he  oído. 

Gam.  ¡Seviyiya  e  mi  arma!...  ¡Qué  sielol...  Usté  no 

ha  visto  sielo  toavía. 
Mat.  Sí,  señor;  si  he  visto. 

Gam.  ¡Usté  no  ha  visto  sielo!  ¡Y  qué  mujeres,  oa- 

mará!  Er  chaleco  se  le  va  á  cae  á  usté.  Usté 

no  ha  visto  mujeres. 
Mat.  ¡Dale! 

Gam.  ¡Hasta  pa  la  nariz  usan  pañuelos  e  Manila! 


—  9  — 

Y  luego  ¡eche  usté  flores!  Una  maseta  aquí, 
y  otra  maseta  aquí,   y  otra  rcaseta  aquí... 

(Señalándose  la  cabeza,    el  cuello   y   el   pecho.)  Y  Ca 

peina  de  este  tamaño. 

Mat.  ¡Irán  bien! 

<jrAM.  ,,Bien?  ¡La  americana  va  á  usté  á  caérsele! 

Mat.  Ya  se  me  ha  caído  el  chaleco 

Oam.  ¡y  sin  grasia!  Arrobas  e  sá,  camaraita.  En 

fin,  usté  ha  e  desírmelo. 

Mat  .  Ya  lo  creo.  Y  me  beberé  una  caña  á  la  salud 

de  usted 

Gam.  ¿Una   caña?    ¡Ni   que   fuera  usté   á   pesca, 

arma  mía!  Ayí  las  cañas  se  toman  por  sien- 
tos.  ¡Las  jumeras  que  he  cogió  yo  en  aqueya 
Eritaña!...  ¡Josú!...  Usté  no  ha  bebió  vino. 

Mat.  En  las  comidas,  si. 

Oam.  ¡Usté  no  ha  bebió  vino!  Y  menos  er  vino  e 

mi  tierra,  que  es  er  que  toma  Dios  con  las 
tasas  e  cardo. 

Mat.  Mete  usted  en  ganas  á  cualquiera,  doctor, 

Oam.  ¡Ay,  cómo  estará  aqueyo,  Dios  mío!  ¡Cómo 

estará  aqueyo!  ¡Cuánto  asahál...  Ayí  á  ca 
paso  se  encuentra  usté  un  naranjo. 

Mat.  Como  si  fueran  transeúntes,  ¿eh? 

Oam.  En  serio:  yo  no  he  visto  en  ninguna  parte 

más  naranjas  que  hay  en  Seviya. 

Cor.  (Este  no  ha  toreao  en  Valensia.) 

Oam.  Hay  tar  savia  por  debajo  e  la  tierra,  que  las 

fuentes  e  las  cayes  no  echan  agua  clara. 

Mat.  Echarán  agua  de  azahar. 

Oam.  Chachipé.  ¡y  qué  ambiente!  ¡qué  ambiente! 

¡qué  oló!...  Hase  usté  así...    (Respirando   fuerte.) 

y  se  cae  usté  de  e&pardas  e  gusto.  Porque 
usté  no  ha  respirao  toavía. 

Mat.  Mire  usted  que  tengo  treinta  y  tres  años. 

Gam.  ¡Usté  no  ha  respirao  toavía!  Va  usté  á  gor- 

verse  loco.  Y  no  le  digo  á  usté  na,  cuando 
pase  por  la  caye  las  Sierpes.  ¡Josú!...  ¡La 
caye  las  Sierpes!...  ¡En  la  caye  las  Sierpes  se 
le  caen  á  usté  los  pantalones! 

Mat.  Preferiría  que  me  ocurriera  en  otro  sitio  me- 

nos céntrico. 

Oam  .  Y  quien  dise  la  caye  las  Sierpes,  dise  toas 

las  cayes.  Porque  mi  tierra  es  un  encanto 


—  10  — 

por  donde  quiera  que  se  la  mire.  ¡Qué  fami- 
liaridá!...  ¡Qué  ruirlm!...  ¡Ayí  está  to  pagao! 

Mat.  Eso  lo  celebro  en  el  alma. 

(tam.  Ayí  tiene  usté  amigos  antes  e  yegá.  ¡Y  qué 

costumbres!  ¡A  mi  no  se  me  orvía  una  no- 
che que  fuimos  ar  Burrero  Monpansié,  señó 
Manuer  Domínguez  y  yo,  y  nos  encontra- 
mos un  pá  de  canónigos  con  sombrero  an- 
cho!... E-ta  es  la  tierra;  etta  es  la  cosa.  ¡Qué 
Burrero  aqué!  ¡Miste  que  es  bonito  pone  en 
las  mesas  castañuelas  pa  yamá  á  los  mosos? 
¿Eh? 

Cor.  (Sste  gachó  está  soñando  por  vía.) 

Mat.  Es  bonito  y  alegre...  y  muy  nuevo.  Lo  que 

no  me  explico  es  que  siendo  usted  natural 
de  aquella  Jauja,  se  haya  trasladado  á  este 
modestísimo  pueblo  de  Madrid. 

Gam,  Por  la  caló,  camaraíta.  No  pueo  con  la  caló  e 

mi  tierra.  Argo  había  e  tené. 

Mat.  Sí  que  creo  que  aprieta  de  firme. 

Gam.  ¿Que  si  aprieta"?  Usté... 

Mat.  Sí;  yo  no  he  sudado  todavía.  Adelante. 

Gam.  Baste  desirle  á  usté  que  el  úrtimo  verano 

que  yo  estuve  ayí,  que  por  eso  me  vine,  se 
le  acabaron  los  grados  ar  termómetro. 

Mat.  ¡Qué  barbaridad! 

Cor.  Haberlo  emparmao. 

Gam.  No  es  ponderasión:  ayí,  en  Agosto,  hasta  er 

Guadarquiví  pasa  hirviendo.  Se  mete  usté 
diez  minutos  en  el  agua  der  río... 

Mat.  ¡y  salgo  duro! 

Gam.  No  lo  tome  usté  á  broma. 

Mat.  Afortunadamente,   yo   voy    en    primavera. 

¡Qué  ganas  tenj:;o  de  llegar! 

Gam.  Ya  me  pondrá  usté  una  postalita  con  sus 

impresiones. 

Mat.  Cuente  usted  con  ella. 

(óyese  dentro  la  bocina  del  guarda  aguja.) 

Cor.  Ahí  me  paese  que  viene  er  tren. 

Mat.  ¿Sí?  Pues  cejamos  el  equipHJe.  ¡Gracias  á 

Dios  que  llega! 

(Corruco  se  sale  al  andén,  y  Matruqui  va  á  recoger  su 
maletín  y  sus  líos,  olvidándose  del  paquete  del  cura. 
Por  la  puerta  del  foro  llega  un  Zagalón  en  busca  de  Ca- 
mero.) 


-  1t  — 

ESCENA  III 

DICHOS,  meHos  CORRUCO;  un  ZAGALÓN 

(Óyese  lejos  el  silbido  del  tren.  Poco  después  vuelve  á. 
sonar  mas  cerca,  y  á  la  terminación  del  diálogo  entre 
Matruqui  y  la  seña  Blasa,  se  supone  que  llega  á  la  esta- 
ción y  para  en  ella.) 

Zag.  ¡Don  Julio!  ¡Don  Julio! 

Gam.  ¿Qué  hay? 

Zag.  De  parte  de  la  señora  boticaria  que  vaya 

usté  en  seguida,  que  el  señor  boticario  está 
con  jaqueca. 

Gam.  Dile  que  voy  á  escape,  (vase  ei  zagalón.) 

Mat.  ¿Qué  es  eso"?  ¿ocurre  algo? 

Gam.  Jír  boticario  con  una  apoplegía. 

Mat.  ¡Atiza!  Pobre  señor. 

Gam.  Acaba  de  avisarme  la  naujé  pa  que  vaya   á 

echarle  un  capote. 

Mat.  ¿Así  lo  ha  dichc  ella? 

Gam.  Hombre,  no. 

Mat.  Pues  no  se  detenga  por  mí.  Ande,  ande. 

Gam.  (Despidiéndose.)  Hasta  procto,  querido  Matru- 

qui. Feliz  viaje...  divertirse  mucho...  cuidao 
con  mis  paisanas...  ya  usté  me  entiende...  y 
no  se  orvíe  usté  de  la  postalita. 

Mat.  Antes  me  olvido  de  mi  nombre.  ¿Qué  me 

manda  usted  para  allá? 

Gam.  (Desde  la  puerta  del    foro,  volviéndose.)  Que  le    dé 

usté  un  peyizco  á  la  Girarda...  un  beso  al 
Ayuntamiento...  y  un  abraso  á  la  Plasa 
Nueva. 

Mat.  ¡Eso  es  imposible! 

Gam.  Pos  no  me  contento  con   menos.  ¡Cómo  lo 

envidio  á  usté,  camaraíta!  ¡Cómo  lo  envidia 
á  usté!  ¡Seviyiya  e  mi  arma,  quién  te  vie- 
ra!... ¡JoSÚl  ¡JOSÚ!...  (Hacia  dentro.)  ¡Niñol  ¡trae 
la  jaca!  (Desaparece,  afortunadamente  para  todos.) 

Mat.  Vamos  fuera,  que  ya  viene  ahí  el  monstruo. 

oEÑA  B.         (Deteniendo  en  su  carrera  á  Matruqui  )  ¡Eh!  ¡ehl 

Mat.  ¿Es  á  mí? 

Seña  B.       íSí,  señor. 


—  12  — 

Mat.  ¿Qué  pasa? 

Señ'Á  B.       Que  aquí  no  ocurre  como  en  Sevilla:  que 

aquí  no  hay  na  pagao 
Mat.  Ali,  vamos,  las  copas.  Yo  creí.  .  Usted  me 

perdone.  ¿Cuánto  es? 
Seña  B.       Una  peseta. 
Mat.  ¡Comadre!  Pocos  peces  asoman  la  cabeza, 

pero  el  que  la  asoma...  Ahí  tiene  usted. 
Seña  B.       Gracias.  Buen  viaje. 

Mat.  ¡Hasta    la    vuelta!    (Echa  á  andar  hacia    el    foro.) 

¡Diablos,  que  me  iba  al  pueblo!  Con  la  emo- 
ción no  sé  lo  que  hago...  (Retrocede  y  vase  can- 
tando por  la  puerta  del  andén.) 

Sevilla  de  mi  alma 
lo  que  te  adoro... 

(Pausa.  Algazara  y  hullicio  en  el  andén.) 


ESCENA  IV 

«EÑÁ    BLASA,  un  ESTUDIANTE,  dos    MOZOS    del    pueblo,  LOLA, 

PEPA  y  MANOLO,  luego  MATRUQUI,  al  final  CORRUGO  y  EL  03 \- 

LES.  Gran  rapidez  en  toda  esta  escena. 


EST.  (Por  la  puerta  del  andén,  muy  aprisa.  A  la  Seña  Blasa.) 

¿Tiene  u?ted  tabaco? 
Seña  B.       ¿Qué  se  ofrece? 
EsT.  Una  de  treinta. 

Seña  B.       Vaya. 

EsT.  (Pagando  )  Tome  UStcd.  (vase.) 

Mozo  1 .  o      (saliendo  con  el    Mozo  2."  y  llegándose    también  á   la 

mesilla.)  A  vé:  dcnos  usté  dos  copas  de  aguar- 
diente. 
Seña  B.       ,-:  Fuerte  ó  flojo? 

Mozo  1. o      Barato,    (a    su    compañero,    mientras    les    sirven. j 

¡Cbavó,  qué  dos  mujeres  yevamos  en  er  co- 
che! 
Mozo  2,0     Ahí  vienen. 

Mozo  1.0     Es  verdá.  A  vé  si  se  quean  en  tierra,  (seben.) 
Mozo  2.  o     Señora,  ¿qué  nos  ha  dao  usté  aquí,  bensi- 
na? 

Mozo  1,  o      Esto    es    pórvora,    cámara,    (presentándole   una 
mano  con  la  palma  hacia  arriba,  después  de  llevársela 


—  \3  — 

á  la  boca)  Miste  la  campaniya:  me  la  ha 
arrancao. 

Me  ZO  2  .  o  (Pagando.)  Tenga  usté  los  perros.  (Se  asoman  por 
la  puerta  del  foro  al  campo.  Llegan  l.ola,  Pepa  y  Ma- 
nolo.) 

Pepa  Aprisita,  que  er  tren  no  espera. 

Lola  Por  Dios,  no  se  nos  vaya  á  di. 

Man.  Nos  sobra  tieropo;  no  ajustarse,  (a  la  señá 

Biasa.)  Eche  usted  dos  vaeitos  de  agua. 
Pepa  ¡Ay,  yo  voy  seca!  ¡Miste  que  romperse  er 

piporro!... 
Lola  ¡Pero,  hija,  si  mi  tío  se  sentó  ensima  de  é! 

Cor.  (pasando  con  El  Ojales,  que  viene  en  estado  lastimoso^ 

desde  la  puerta  del  andén  á    la  del  campo,  por  donde- 

se  van.)  Er  ganao  es  grande,  pero  más  gran- 
de es  la  jambre  que  tenemos. 
Ojales         Hay  que  gorvé  á  Madrí  con  tres  ó  cuatro 
orejas. 

MaT.  (Azorado,  con  su  maletín  y  sus   líos.)    ¡SantO    Dios! 

¡He  perdido  los  rosquetes  del  cura!  ..  (na  me- 
dia vuelta   por    la   sala,  y  se   dirige  á   la  Señá  Blasa.)^ 

Señoia,  ¿ha  visto  usted...? 

Man.  ¡Matruqui! 

Mat.  ¡Manolo! 

Man.  ¿Vas  á  Sevilla  en  el  botijo? 

Mat.  Sí.  ¿YtúV 

Man.  También  Estas  amigas  y  yo  vamos  juntos. 

Vente  á  nuestro  coche. 

Mat.  Con  el  alma  y  la  vida.  ¿Habrá  sitio? 

Lola  Y  si  no  se  liase  un  sitio  pa  usté. 

Mat.  Muchas  gracias.  (¡Qué  guapa  es  esta  joven!) 

Lola  En  exprimiendo  á  un  gordo  que  va  ayi,  ca- 

bemos ar  pelo. 

Mat.  ¡Qué  ocurrencia!  Quiere  exprimir  á  un  gor- 

do... 

Mezo  1.0      (ai  pasar  hacia  el  andén,  á  Lola  y  Pepa.)  Audá   pa 

aya,  que  aqui  para  mu  poco  tiempo. 

Mozo  2. o     No  dormirse. 

Max.  ¿También  van  en  el  coche  esos  mozo?? 

Lola  También.  Y  que  cantan    los   dos  que   da 

gusto.  , 

Man.  Quién  habla  dé  canta  y  es  un  canario,  (a  L\ 

Señá  Biasa.)  ¿Qué  le  debo,  señora? 
Señá  B.       Dos  reales. 


—  44  — 

Lola  ¿Dos  reales  dos  vasos  de  agua? 

Pepa  ¡Ave  María  Purísima! 

Lola  Le  arvierto  á  usté  que  los  vasos  los  dejamos 

aquí. 

Man.  Vaya,  vaya,  no  es  ocasión  de  discusiones. 

¡Al  tren! 

Pepa  Andando. 

LoL\  Andando. 

Mat.  ¡Qué  mujeres,  Dios  mío!  ¡A  Sevilla!  |á  Sevi- 

lla, que  allí  está  to  pagaof  (Se  van.  Suena  dentro 
una  campana  y  una  voz  que  grita:)  «¡SeñoreS  via- 
jeros, al  tren!» 

■Seña  B.  Este  debe  de  llevar  más  gente  que  el  de  Se- 
mana Santa    (Se  asoma  á    la   puerta   del    andén   y 

desaparece.)  ¡Jesús,  cuánta  Criatura!...  Van  co- 
mo borregos. 

(silba  la  máquina.  Gran  algazara  dentro.  Ój-ensc  con  cla- 
ridad varias  voces,  cada  una  de  las  cuales  grita  una  de 

las  frases  que  sigueu: — ¡A  vcr  SÍ  arraucanjos, 
que  hay  prisa! — ¡Chiquiyo,  corre!— ;,Será 
presiso  arrempujá?-¿Vamos  cuesta  arriba?- 
¡Pepe!  ¡Pepe!  ¡cuidao!— ¡Señó  Jefe,  toque 
usté  er  pito! — ¿Ande  va  ese  ahora?— ¡Que 
baile  er  Jefe! — (varios  á  compás:)  ¡Vamonos I 
¡vamonos!  ¡vamonos!...) 

JVíAT.  (cou    la  lengua  fuera,    sin  maletín   ni   nada,  despavo- 

rido.) ¡Los  rosquetes  del  cura!  ¿Dónde  los  he 
dejado  yo?  (^viendo  el  paquete.)  ¡Ay,  allí  es- 
tán! ¡Demonio  de  rosquetes!  (Suena  la  cam- 
panilla precursora  de  la  marcha  del  tren.  Matruqui 
se  estremece.  Corre,  tropieza  y  se  le  desparraman  los 
rosquetes  por  el  suelo.  Su  consternación  sube  de  punto. 
Los  recoge  el  hombre  más  que  aprisa,  guardándoselos 
en  el  sombrero  y  en  los  bolsillos,  mientras  sigue 
dentro  la  gritería  y  el  sillsar  del  tren,  y  vase  escapado 
temiendo  perderlo  para  siempre.)  ¿A  que  me    que- 

do  en  tierra?  ¡Kspera  un  poco!...  ¡.Maldita 
sea  mi  estampa!  ¡Se  va!...  ¡se  va!...  ¡Aguar- 
da, maquinista'...  ¡Se  va!  ¡Me  quedo  en  tie- 
rra!... ¡me  quedo  en  tierral...  (e1  tren  arranca, 
óyese  la  bocina  del  guarda-aguja.)  ¡Voy!...  ¡VOyl... 
jMe  quedo  en  tierra!  (ai  salir  ai  anden  á  galope, 
«e  gana  una  silba  de  los  compañeros  de  botijo.— Cae  el 
telón.) 


—   45 


Intermedio  musical 

(e1  tren  en  marcha.  Se  supone  que  eu  el  coche  del  bo- 
tijo en  que  va  Matruqui,  hombres  y  mujeres  cantan 
diversos  aires  nacionales.  Todas  las  coplas  son  acogidas 
con  gtitos  de  alegría  y  de  entusiasmo.) 

—  ¡Vamos,  Loliya,  que  3'a  ha  cantao  hasta 
er  fcigonero! 

— ¡Que  se  está  aburriendo  la  guitarra! 

— ¡Otra  coplita! 

— ¡Ca3'avse! 

— Una  mariposa  blanca 
por  mi  barcón  se  ha  metió: 
"üenas  noliíias  me  aguardan. 

— ¡Me  alt^gropor  usté! 

—  Una  mariposa  negra 

por  mi  ventana  se  ha  entrao: 

malas  not'sias  me  esperan. 

—  lVa3'a  por  Dios! 

—  Ole,  oM 

— ¡Viva  S-viya! 

— La  rui)ita  que  adoro 
siempre  me  dise 

que  aunque  me  sargan  canas 
110  me  las  pinte. 
— ¡Gáyate  tú,  a'^aura! 
— ¡Que  .'ante  eya! 
—¡.Ja,  ja.  ja! 

— Su^pirito  de  tu  boca, 

chiquiya,  quisiera  ser, 

par-i  salir  de  tu  j^echo 

sabiendo  lo  que  hay  en  él. 
— ,01e,  ole! 

—  ¡Ay,  quien  fuera  suspiro! 

— Me  paso  la  viHa  husiendo 

castiyiios  en  el  aire, 

y  bay  una  manita  ocurta 

que  viene  y  me  los  deshase. 
— ¡Déjate  de  penas,  guasón! 
— ¡A  vé  si  cantamos  una  cosita  alegre;  que 
éstH  nos  ha  puesto  mu  tristes! 
— ¡Y  no  esconder  el  vino! 


-  i6  — 

— La  confitera 

seña  Frasqnita 

vende  suspiros 

de  su  boquita, 

y  son  tan  buenos 
que  el  que  los  prueba  le  encarga 

una  librita  lo  menos. 
—¡Venga  un  trago!  ¡Venga  un  tragol 
--Pero,  ¿ande  está  la  bota? 
— ¡La  he  escondido  yo,   porque  llega  un 
túnel! 
—¡Ja,  ja,  ja! 

—  ¡Que  cante  ese  del  túnel! 
— ¡No  me  da  la  gana! 
—¡Ja,  ja,  ja! 

— Ten 2:0  novia  matraca, 

soy  de  Seviya; 
eya  me  baila  jota, 
yo  seguidiyas. 
— ¡Bien  por  los  cruces! 
— ¡Viva  España! 

—  ¡Vivan  las  mujeres! 

— ¡Viva  Lolilla!  ¡En  el  tren  se  me  van  á  caer 
los  pantalones! 

— A  tu^  cuerpo  y  á  tu  rostro 

felicito  con  el  alma, 

á  tu  rostro  por  tu  cuerpo 

y  á  tu  cuerpo  por  tu  cara. 
— jOlel 
—¡Ole! 

— ¡l.as  criaturas  completas! 
— ¡Bendito  sea  Dios,  que  inventó  el  botijo! 

— A  la  orilla  del  Ebro 
te  vi  una  tarde, 
y  me  dijo  la  Virgen 
que  te  mirase. 
— ¡Ole,  Aragón! 
— ¡Hasta  er  botijo  se  anima! 
— ¡Si  paese  el  exprés! 
— ¡Jota!  I  jota!  ¡jota! 

— Estudiantes  que  estudiáis 

todo  lo  que  el  mundo  encierra, 

decidme  si  hay  en  el  mundo 

tierra  como  nuestra  tierra. 


—   17  — 

,01e! 

¡Viva  el  tren  botijo! 


— ¡Viva  España! 

— ;Espelú  ..  y,  veinte  minutos!. 


CUADRO  SEGUNDO 


Alcoba  de  la  casa  de  huéspedes  de  don  Ramón,  en  Sevilla.  Una  puerta 
á  la  derecha  y  otra  á  la  izquierda.  Kn  cada  rincón  una  mesa  de  no- 
che. Junto  á  cada  mesa  de  noche  una  cama.  En  la  pared  de  la  dere- 
cha dos  jaulas  forradas  y  un  zurrón.  Apoyada  en  la  mesa  de  no- 
che una  escopeta. 


ESCENA  PRIMERA 

DON    CRISAXTO,  MATEÜQUI  y  BARTOLO,   luego  MANUELA,   des- 
pués DON  RAMÓN 

(La  habitación  á  oscuras.  Don  Crisantó  durmiendo  como  un  bendito 
en  la  cama  de  la  izquierda  del  actor,  ajeno  á  todo  lo  que  se  le  viene 
encima.  Matruqui  sale  por  la  puerta  de  la  derecha,  seguido  de  Bartolo, 
Llega  contento  de  la  vida  y  con  más  manzanilla  en  el  cuerpo  de  la  que 
conviene  á  la  seriedad  del  individuo.  En  su  rostro  y  persona  se  ad- 
vierten las  huellas  indelebles  de  veintitantas  horas  en  tren  botijo.  A  la 
r.iano  trae,  aunque  parezca  mentira,  los  mismos  bultos  con  que  salió 
de  la  estación  del  pueblo.) 

^IaT  .  (Canturr -jando.) 

No  estuvo  pesa  tu  madre... 

BaRT.  (imponiéndole  silencio.)  SchsSSS  .. 

JMaT  .  (.Sin  hacerle  caso.) 

No  estuvo  pesa  tu  madre... 
Barí.  Schsss... 

Mat.  ^.Qué  pasa,  hombre? 

Bart.  Que  se  caye  usté;  que  hay  uno  durmiendo. 

(Antes  de  seguir  adelante,  conviene  advertir   que    este 


-    18  — 

Bartolo  habla  tan  aprisa,  tan  borrosamente  y  con  voz 
tan  hueca,  que  no  se  le  entiende  ni  una  jtalabra  de  lo 
que  dice,  Kslo  <iue  se  suele  llamar  un  andaluz'- cerrado '.  i 

Mat.  ¿Cómo? 

Barí.  Que  hay  uno  durmiendo. 

Mat  .  ^,Eh? 

(Don  Crisanto  ronca  como  un  ángel.) 

Bart.  tíchssss.... 

Mat  ,  Ah, vamos;tengo  compañero  de  habitación... 

Y,  dígame  usted;  ¿no  podría  yo  acomodar- 
me solo?  Porque  soy  sonámbulo... 

Bart.  No  hay  más  cuarto  que  este:  zon  días    de 

mucha  buya  en  la  caza. 

Mat.  (iQi-ié  dice  usted? 

Barí'.  Que  no  hay  más  cuarto  que  éste. 

Mat  .  Pues,  señor,  no  me  entero  de  una  palabra  de 

lo  que  usted  me  dice. 

Baíít.  Pos  hablo  en  espsñó. 

Mat  .  ¿Qué? 

Bart.  Que  hablo  en  españó.  En  Zeviya  me  entien- 

den. Yo  no  tengo  la  curpa  de  que  los  de 
Madri  no  rae  entiendan. 

Mat.  Ni  agua,  hijo.  ¿A.qui  en  Sevilla  todo  el  mun- 

do habla  así'? 

Bart.  Zí,  zeñó. 

Mat  .  ¿Que  sí?  Pues  si  lo  sé  me  traigo  un  intér- 

prete. 

Barí  .  Este  tío  tiene  gana  e  gaaza.  Vi  á  yamá  á  Ma- 

nuela. 

Mat  .  ¿Eh? 

J3art.  (Desde  la  puerta  de  la  derecha)  ¡Manuela!  ¡Ma- 

nuela! 

Mat.  Hola:  llama  usted  al  intérprete.  Me  alegro 

mucho...  (Reflexionando.)  Pesa...  pesa  el  viaje... 
Estoy  hecho  polvo. 

IMaN.  fPor  la  derecha,  con  cara  muy  risueña   siempre.)  ¿Me 

has  yamao? 
Mat  .  (ai  verla.)  ¡Ole!  ¡Viva  Sevilla!...  Qué  mala 

sombra  tengo... 
Man.  ¡A.y,  qué  grasia! 

Bart.  Entiéndete  con  er  zeñó,  que  viene  de  broma. 

Man.  ¿Qué  se  le  ofrese  á  usté? 

Mai  .  Escúcheme  usted,  prenda:  ¿no   habría  una 

alcoba  sola  para  mi? 


—  19  — 

Man.  ¡Ay,  qué  cosa  más  grasiosa! 

Mai  Porque  soy  sonámbulo. . 

Man.  ¡Ay,  quégrasia! 

Mat.  ¿De  veras?  ¿Eso  tiene  gracia  en    Sevilla? 

[Pues  estoy  en  el  mejor  de  los  mundos  po- 
sibles! 

Barí'.  (incomodado  )  Vamos,  zeñó;  ¿quié  usté  acaba 

ya? 

Mat.  ¿Qué  ha  dicho  ese? 

Man.  ¡Ay,  qué  cosa  más  grasiosa!  ¡Me  pregunta 

qué  ha  dicho!... 

Mat.  ¡Como  que  no  lo  entiendo! 

Bart.  Mira:  yama  al  amo. 

Mat  .  ¿Que? 

Bart.  IjO  que  á  usté  no  le  importa. 

JNIan.  ¿Yamo  al  amo? 

Mat  .  8í,  mujer,  sí;  llama  al  amo.  Es  una  idea  feliz. 

¿Se  le  ha  ocurrido  á  ese?  Pues  parece  mentira. 

Man.  ¡  Ay,  qué  cosa  más  grasiosal  (Se  asoma  á  la  puer- 

ta  de  la  izquierda  y  llama.)  ¡Don  KamÓnl    ¡Haga 

usté  er  favo  de  vení! 

Mat.  a  ver  si  quiere  Dios  que  nos  entendamos. 

Así  como  así  estoy  deseando  acostarme.    El 
vinito   claro  empieza  á  dejarse  sentir,  (vol- 
viendo al    canticio  primero.) 
No  estuvo  pesa  tu  madre... 

B.ART.  Schsss... 

D.  RaM.  (Sale  por  la  puerta  de  la  izquierda.  El  buen  señor  tiene 
la  de.sgracia  de  ser  muy  g-angoso.  Por  su  pelaje  se  adi- 
vina que  su  casa  de  huéspedes  no  es  la  Fonda  de  Ma- 
drid, ni  mucho  menos.)  ¿Qué  ocurre?  Buenos 
días. 

Mat.  Buenos  días.  ¿Es  usted  el  dueño  de  este  cas- 

tillo? 

I).  Ram.  Soy  el  amo  de  esta  fonda,  para  servir  á  us- 
ted. 

Mat  .  (¡Caramba!  Parece  que  lo  pisan  al  hablar.)  (se 

ríe.) 

D.  Ram.       ¿De  qué  se  ríe  usted,  caballero? 

Mat.  De  que  esa  no  es  su  voz  de  usted;  de  que 

usted  está  de  broma,  por  fuerza. 

D.  R.\M.       ¡Oiga  usterl! 

Mat.  ¡Si  sabré  yo  lo  que  es  Sevilla!  Todo  el  mun- 

do siempre  de  buen  humor... 


« 


D.  Ram.  El  que  por  lo  visto  lo  trae  demasiado  bueno 
es  usted.  Dígame  ya  lo  que  desea,  por  que  aqui 
no  estamos  para  perder  el  tiempo. 

MaT.  (imilíliidolo  sin  darse  cuenta.)  Perfectamente.  (Ex- 

cusándose.) Usted  perdone:  ha  sido  sin  querer. 
Mi  deseo  es  el  de  tener  una  habitación  sin 
compañía. 

D.  Ram.  Pues  me  es  imposible  complacerlo.  Y  aun 
esta  cama  la  tiene  usted  gracias  á  la  reco- 
mendación que  me  trae  y  á  la  feliz  casua- 
lidad de  hallarse  fuera  el  huésped  que  la 
ocupa  de  ordinario.  Actualmente  en  Sevilla 
no  hay  sitio  para  nadie. 

Max.  (Eso  no  es  una  nariz:  es  el  tubo  de  un  órga- 

no.) Conforme.  Ante  razón  tan  poderosa,  me 
callo  como  un  muerto.  Vayanse  ustedes  y 
me  acostaré.  También  hubiera  deseado  un 
balcón  á  la  calle,  pero  ¡qué  diantre!  me  re- 
sigüo. 

Bart.  ¡Pos  no  es  usté  mu  ganguero! 

Max.  (~!on  usted  no  hablo.  ¿Qué  ha  dicho? 

D.  Ram.       Que  es  usted  muy  ganguero. 

Max.  y  usted  muy  gangoso. 

Mav.  |Ay,  qué  grasia! 

D.  Ram.  (a  ios  criados.)  Vamonos,  vamonos,  que  este 
señor  viene  alumbradillo. 

Max.  ¿Cómo? 

D.  Ram.       Que  usted  descanse. 

MaT.  (Reparando  on  la  escopeta.)  ¡Ah!   ¡OÍgU  UStcd! 

D.  R  -M.        Usted  dirá. 

Max.  Que  se  lleven  aquella  escopeta. 

D.  R  \M.       La  ha  dejado  ahí  su  dueño  y  no  tengo  para 

qué  tocarla. 
Max.  Pues  peor  para  usted;  porque  hade   saber 

que  yo  soy  sonámbulo  y  me  da  por  matar 

fondistas  precisamente. 
D.  Ram.    '    (cuadrándosele  y  gritando.)  ¡Caballero:  aunque 

humilde  y  pobre,  no  consiento  que  nadie  se 

burle  de  mi!  ¡Y  debiera  usted  guardarle  más 
•  consideración  á  la  persona  que  á  mi  lo  reco 

mienda! 

D.  Cris.         (Despertando,    furioso,  á  los  gritos.)    ¿UCS    parCCC    á 

ustedes  que  es  esta  la  mejor  hora  de  discu- 
tir? ¡Estamos  aviados! 


—  2i  — 

Max,  (Después  de  silbar.)  (Este  es  el  único  que  habla 

claro  en  la  casa.) 

D.  Ram.       Don  Crisanto,  perdone  usted. 

D.  Cris.  ¡No  hay  perdón  ni  perdón!  ¡Hay  que  no  se 
puede  pegar  un  ojo! 

D.  R.^M.  Vaya,  vaya,  cada  mochuelo  á  su  olivo.  Des- 
cansar, caballero. 

jVIat.  Gracias.   Y  dentro  de  un   par  de  horas  que 

me  llamen. 

D.  Ram.         Está  muy  bien.  (Se  va  por  la  izquierda.) 

M*N.  ¡Ay,  qué  coFa  má'^  grasiosa! 

Bart.  a  tí  to  te  hace  gracia;  pa  tí  to  es  mu  gracio- 

zo.  Zi  yo  fnea  el  amo,  ¡en  zeguía  ze  iba  á 
pitorrea  de  mí  ningún  viajero!  (sevanporia 

derecha  los  dos.) 


ESCENA   II 

•    MATRUQUI  y  DON  CRISAXTO 
I  Nhitrnqui,  apenas  se  queda  solo,  suelta  la  risa.) 

Mat.  Me  río  de  la  casa  en  que  he  venido  á  parar, 

que  es  una  giiUern...  Y  cuidado  que  no  s/- 
cómo  me  quedan  ganas  ni  de  reírme,  per- 
qué entre  el  cansancio  y  el  vinillo,  esto}' 
que  no  valgo  dos  reales...  Vamos  á  tumbar- 
nos un  rato.  (Mientras  se  quita  la  americana,  el  cha- 
leco y  los   pantalones   monologuea  á  sus   anchas.)    Df: 

Córdoba  aqid  lo  hemos  pasado  bien...  ¡Qué 
Lolilla,  Dios  mío!...  E?o  es  gracia,  y  no  la  de 
Gamero...  No,  si  todas  las  sevillanas  son 
como  Lolilla,  lo  de  la  gracia  de  la  tierra  es 
un  hecho  indudable...  ¡Qué  hermosa  debe 
de  ser  Sevilla!...  ¡Qué  ganas  tengo  de  dar 
una  vueltecita  por  ahí!...  La  Giralda...  el 
Puente...  la  Macarena...  las  mujeres...  una 
maceta  aquí,  otra  maceta  aquí. .  naranjos 
hasta  en  la  mesa  de  noche  ..  ¡Ole,  Sevilla!... 
Usted  no  ha  respirado,  Matruqui.  (Riéndose.) 

¡Qué  gracioso  es  Gamero!  (So  sienta  en  la  cama 
y  prinoipia  á  quitarse  las  botas  ) 

JSo  estuvo  pesa  tu  madre.  . 


—  ¿2  — 

Hombre,   ¿cómo    era    aquella    salidita   de 
Lola?...  ¡Qué  bien  la  cogí!...  Pero  se  me  ha 

olvidado...    (canturrea,  tratando  de  recordar  lo  'iii.- 
dice.) 

Yo  me  encomendé... 
iCa!  No  era  esto... 

Yo  me  encomendé... 

|Ca!    ¡Maldito  sea  mi  Oido!...    (Métese  cu  la  cama 
y  permanece  sentado  en  ella.) 

Yo  me  encomendé... 
¡Ca!   «Con  Dios  me  acuesto,  con  Dios  me- 
levanto...» 

Yo  me  encomendé... 
Ahora. 

Yo  me  encomendé... 
Por  ahí,  por  ahí  va.  ¡Con  qué  gracia  lo  can- 
ta Lola!  La  caidita,  la  caidita  sobre  todo... 

Yo  me  encomendé, 
con  las  grandes  fatiguitas  de  la  muerte, 

ar  Señó  der  Gran  Podé... 

¡Ole!  ¡ole!    Así  era,  así  era.  (Entusiasmado  con  el 
triunfo,  repite  el  estribillo  en  voz  muy  alta. ) 

Yo  me  encomendé, 
con  las  grandes  fatiguitas  de  la  muerte, 
ar  Señó  der  Gran  Podé... 
D.  Cris.       (saltando,  colérico.)   ¡Caramba!   Pero  ¿estamos 
aquí  ó  en  el  café  de  Novedades?...  ¡Carambaí 

(llatruqui,  sin  contestar  ni   Jota,  se  hace  un  ovillo  y  se 
tapa  hasta  la  cabeza.) 
MaT  .  (incorporándose  y  mirando  á  don  Crisanto  después  de 

una    pausa,  é  imitando  ¡i  Manuela.)    ¡Ay,    qué    CO;a 
más  graciosa!    (vuelve  á  taparse  y  apoco  dice.)  Me 

da  el  corazón  que  mi  compañero  de  alcoba 
no  participa  del  bnen   hamor  proverbial  de 

la    raza    andaluza.    (Nueva  pausa.  E1  hombre  se  va 
,  rindiendo  al  sueño.)  LoS  patios  ..  loS  patioS...  loá 

toreros  de  fiesta...  las  majas...  la  navaja  en 

la  liga...  (cantando  otra  vez,  inconscientemente.) 

Yo  me  encomendé... 
jDemoniü!  Se  me  viene  á  la  boca...  Sclisss... 
¡LolilJa!  ¡Lolilla!  Me  alegraría  soñar  conti- 
go... ¡Ay!  ¡Si  me  quisiera  esa  mujer!...  (Qué- 
dase dormido.  Don  Crisanto,  por  no  ser  menos,  duérme- 
se también.    Roncan  á  dúo,  alternativamente,   por  espa- 


I 


—  23  — 

cío  de  unos  iustantos.  De  inonto  cesan  los  ronquidos  y 
principia  el  sueño  de  Matruqui.  Música  en  la  oniuesta 
para  contribuir  á  la  ilusión.  En  la  pared  del  foro  ábrese 
un  gran  circulo  luminoso, donde  sargecomopor  encanto 
una  calle  sevillana  compuesta  de  retazos  de  aquí  y  de 
allá  que  quieren  ser  artísticos  y  que  no  lo  son,  y  en  la 
<iue  hay  una  reja  que  so  viene  abajo  de  flores.) 


ESCENA  III 

MATKl'QÜI  y  DON  CPJSAXTO  en  sus    respectivas  camas,  dormidos. 
En  el  fondo  CAIRELES,  luego  LOLA. 

(Sale  Caireles  por  la  derecha,  vestido  de  majo  en  día  de  gala:  som 
brero  calañés,  chaquetilla  de  terciopelo  con  alamares,  pantalón  corto 
bota  abierta  y  manta  jerezana  al  hombro.  En  la  mano  trae  una  gui 
tarra  adornada  con  cintas  de  colores.  Pasea  la  mirada  por  la  escena, 
con  cierto  aire  de  perdonavidas,  y  al  fin  se  detiene  ante  la  reja  de 
las  flores,  adopta  la  postura  más  artística  que  se  le  ocurre  y  principia 
á  rasguear  por  lo  tino  para  cantarse  algo  sin  pérdida  de  tiempo.) 

Max.  (soñando,  lo  mismo  ahora  (lue  en  lo  sucesivo.)  ¡HülM- 

bre!  ¡qué  calle  más  bonita!...  La  clásica 
reja...  Gamero  tiene  pintada  una  calle  asi 
en  el  país  de  un  abanico.  ¿Y  quién  será  ese 
majo  tan  peripuesto?  ¡Qué  encanto  de  cos- 
tumbres! ¡Mira  que  si  están  durmiendo  en 
la  casa!... 

CaIR.  (Arrancándose  á  cantar,  sin  saber  sí  lo  oyen  ó  no.) 

Serrana  de  mis  sueños, 

gitana  mía, 
por  quien  vivo  penando 

de  noche  y  día; 
Inscrito  der  sielo 

de  la  mañana, 
asoma  entre  las  flores 

de  esa  ventana; 

que  quiero  verte 
aunque  en  tus  ojos  negros 

venga  mi  muerte. 


—  24  — 

Me  encuentra  la  mañana 

siempre  orobiando 

por  mi  tesoro: 
mi  manta  jeresana 

se  está  espintando 

con  lo  que  yoro. 


Y  de  oí  la  triste  queja 
con  que  lanso  á  tos  los  vientos  mis  cantare?, 
mis  pesares, 
mis  hachares, 
van  secándose  en  tu  reja 
campaniyas,  jazmineros  y  asahares. 


Serrana  de  mis  sueños, 

gitana  mía, 
estreyita  der  sielo 

de  Andalusía, 

yo  quiero  verte 
aunque  en  tus  negros  ojos 

venga  mi  muerte. 


Mat.  No  has  estado  mal,  mozo  crúo.  ¡Qué  florido 

es  el  lenguaje  de  este  pueblo!  ¿Y  quién  ser.i 
la  gitana  que  lo  trae  tíui  á  mal  traer?  (Asó- 
mase Lola  á  la  reja  cou  mantón  de  Maulla,  cosa  indi- 
cadísima para  salir  á  la  reja,  y  con  un  diluvio  de  pei- 
nas eu  la  cabeza,  y  de  flores  en  la  cabeza  y  en  el  pe- 
cho.) ¡Corcho!  ¡Lolilla!  ¿Quién  te  conoce  con 
esos  arreos?  ¡Ay,  qué  vuelco  me  ha  dado  el 
corazón!...  ¿Será  novia  de  ese  pinturitas  de 
la  manta?...  No  lo  puedo  creer...  Estoy  cou 
el  alma  en  un  hilo  .. 

Lola  (a  caireles,  cantando,  por  supuesto.) 

¿A  qué  vienes, 

si  conoses  mis  desdenes? 
Mat.  ¡Ole  tu  madre!  Ya  lo  sabía  yo  eso. 

Lola  No  me  yores, 

que  no  quiero  tus  amores. 
Mat.  ¡Como  que  está  por  mí! 


i 


I 


-  2o    - 

Cair.  Por  la  grasia  de  tu  cara  retrechera, 

por  er  garbo  de  tu  cuerpo  sandunguero, 
flamenquiya  traisiouera, 

yo  te  pío  que  me  escuches  ó  me  muero. 
Mat.  Vas  á  perder  el  tiempo:  tú  verás. 

Lola  Te  he  jurao,  trianero, 

por  la  Virgen  que  en  mi  barrio  se  venera, 
que  hay  un  hombre  á  quien  yo  quiero, 

que  es  un  sueño  que  tú  sueñes  que  te  quiera. 
Mat.  ¿No  te  lo  dije,  tonto?  ¿Crees  tú  que  todo  se 

arregla  con  la  manta  y  los  alamares? 


Cair.  Me  has  herío  er  garlochí, 

que  de  ducas  está  yeno; 
yo  me  muero  sarmord; 
tus  palabras  son  veneno. 
Mat  ¿Qiié  ha  dicho?  ¿Que  se  muere  sarmoñíf  Ese 

ya  ha  perdido  la  cabeza. 
Lola  Remediarlo  no  está  en  mí: 

no  te  canses,  que  yo  vivo 
pa  un  mosito  cayoqiií 
que  en  mi  amor  está  cautivo. 
T  ¿Cómo  cayoquí?  ¡A.  ver;  explica  eso! 

Cair.  ¡Ay,  qué  íímcúís  pasol  ^ 

¡ay,  qué  duras  sientol 
;ay,  qué  fatiguitas  más  negras 
me  anguetian  er  pecho! 
¡Qué  doló  más  jondo! 
¡qué  doló  más  grande! 
Virgen  de  los  Reyes, 
¿pa  qué  me  la  has  puesto  delante? 

Lola  (ai  mismo  tiempo  quo  Caireles  canta  lo  anterior.) 

Vete  y  no  me  mires, 

vete,  moso  güeno, 
que  tú  encontrarás  quien  te  quiera 

más  que  yo  le  quiero. 

Vete  y  no  me  y  ores, 

vete  y  no  me  cantes... 

Virgen  de  los  Reyes, 
¿pa  qué  me  lo  has  puesto  delante? 


I     Ma 


(Cesa  la  música.) 


—  26  — 

Mat  ¡Cuidado  que  está  terco  y  cargante  ese  niño! 

Cair  .  ¿Que  yo  me  vaya?  ¿que  yo  te  deje? 

¿que  no  te  yore?  ¿que  no  te  naire? 
¿que  no  te  busque?  ¿que  no  me  queje? 
¿que  no  te  cante?  ¿que  no  suspire? 

Mal  ¡Sí.  hombre,  sí!  ¡que  te  largues  j^a  de  una 

vez! 

Cair.  Píeme  antes,  flamenca  mía, 

que  yo  te  traiga  pa  tu  cabe3^o, 

pa  tus  jardines,  pa  tus  artares, 

toitas  las  flores  de  Andalusía, 

y  pa  tus  brasos  y  pa  tu  cueyo 

toitas  las  perlas  que  hay  en  los  mares. 

Píeme  antes  que  pa  tu  frente 

te  dé  un  lusero,  lusero  mío; 

píeme  antes  que  junda  er  puente, 

que  pare  er  viento,  que  seque  er  río... 

Mas  no  me  pías,  rosa  temprana, 

gota  e  rosio  de  la  mañana, 

que  yo  me  vaya,  que  yo  te  deje, 

que  no  te  yore,  que  no  te  mire, 

que  no  te  busque,  que  no  me  queje, 

que  no  te  cante,  que  no  suspire... 

Mat.  (imitando  un  cohete.)  SsSSChsSSS...  ¡puu!  FuegOS 

artificiales.  No  me  la  das,  mocito. 

Lola  Voy  á  desirte  por  vez  postrera 

que  cambie  er  rumbo  de  tus  quereres, 
que  yo  aquí  tengo  quien  bien  me  quiera 
y  no  es  mi  curpa  fí  tú  te  mueres. 

Mat.  ¡Ole!  ¡muy  bien  dichol 

Lola  Tengo  quien  traiga  pa  mi  cabeyo, 

pa  mis  jardines,  pa  mis  artares, 
toitas  las  flores  de  Andalusía, 
y  pa  mis  brasos  y  pa  mi  cueyo 
toitas  las  perlas  que  hay  en  los  mares. 
¡Déjame  sola:  vete  y  orvía! 

Mat.  Loíilla,  ¡qué  cursi  te  has  puesto!  ¡Tú  no  ha- 

blabas así  en  el  trenl 

Cair  .  (como  loco  ya  y  echando  el  resto.) 

l'ues  oye,  gala  de  los  verjeles, 
gloria  y  orguyo  de  la  majesa, 
la  que  hase  encaje  con  sus  pinreles, 
por  la  que  er  barrio  se  jinca  y  resa 
en  cuanto  suenan  los  cascabeles 


—  27  — 

de  la  iaquiya  de  su  calesa; 

yo  aquí  te  juro  por  los  claveles 

que  son  corona  de  tuca  besa, 

que  ó  deja  menda  de  ?er  Caireles, 

ó  como  pronto  no  me  cameles 

la  faca  mía  su  historia  empiesa. 
Max.  ¡Menosl 

Lola  Mira,  mosito,  rey  de  Triana: 

jarla  me  tienes  con  tu  porfía: 

es  tu  gajesa  pura,  jovjaim, 

como  esjo7ya7ia  tu  valentía. 

Y  aunque  no  fueran  cosa  tan  vana, 

yo  BÍempre  de  eyas  me  burlaria, 

porque  me  sobra,  por  seviyana, 

quien  me  defienda  de  noche  y  día, 
Mat.  (Marmado.)  ¡Vera  ustcd  SÍ  voy  yo  á  tener  un 

disgustol 
Cair.  Lo  dicho,  dicho:  lueüo,  á  la  tarde, 

veré  á  ese  bravo.  ( ^;atruqui  siiim.) 
Lola  Tranquila  espero, 

que  sé  que  er  moso  no  es  un  cobarde. 
Cair.  ¡Tendrá  memcria  dertrianerol 

Lola  Que  Dios  te  adumbre.  (Retírase  do  la  reja.) 

Cair  .  Qwe  Dios  te  guarde, 

(Vase  por  la  derocha  con  andar  de  hombre  que  cree 
que  se  come  los  niños  crudos.) 

Max.  ¡Eal  Mire  usted  por  donde  me  la  puedo  yo 

ganar,  por  tunante.  ¿A  que  me  abre  ese 
bruto  una  raja,  y  vuelvo  á  mi  pueblo  hecho 
un  buzón?...  jHolal  Aquí  parece  que  hay 
una  juerguecita  típica.  Aquí  me  cuelo. 

(Desaparece  repentinamente  la  calle  y  surge  un  paraje 
ideal,  mitad  patio,  mitad  azotea,  todo  lo  caprichoso 
y  falso  que  al  pintor  se  le  ocurra,  teniendo  en  cuenta 
para  componerlo  la  balumba  de  panderetas  y  abanicos 
<iue  andan  por  esos  mundos  con  semejante  decoración 
y  las  demás  mentiras  que  á  propósito  de  Sevilla  han 
escrito  plumas  y  han  pintado  pinceles.  Como  elemen- 
tos indispensables  citaremos  aquí  el  eterno  emparrado, 
los  azulejos  árabes  donde  q\iiera  y  la  Giralda  al  fondo, 
venga  ó  no  venga  á  cuento.) 


-  28 


ESCENA  IV 

LOLA,  CORRUCO,  TÍO  PINGANDÍ  y  nu  INOLÉh!.  ilAJAS,  MAJOS  y 

TOREROS 

(Todos  (le  fiesta:  ellas,  vestidas  con  faldas  de  colantes,  unas  con  pa- 
ñolones de  Manila,  y  otras  con  mantillas  blancas  y  de  madroños; 
olios,  los  majos,  con  trajes  análogos  al  de  Caireles  y  los  toreros  con 
trajes  de  luces:  no  vendría  mal  im  picador.  El  Ingles  de  chaqué  lar- 
go, botines,  patillas  rubias  y  monoclo.  El  Tío  Piugandi  de  chaquetilla 
corta,  pantalón  de  campana  y  sombrero  de  catite.— Sin  orden  ni  con- 
cierto, sobre  mesas  y  sillas,  pañuelos  ele  Manila,  capotes  de  toreros, 
guitarras  con  moñas  enormes,  castañuelas  con  cintas  de  colores,  na- 
vajas, panderetas,  cañeros,  botellas  de  vino,  etc.,  etc.) 

Mat.  |Esto  es  un  paraíso  encantado!...  Sevilla,  Se- 

villa neta:  un  cuadro  así  tiene  en  una  pande- 
reta Gamero...  ¡Qué  hermosa  está  mi  Lola! 
Como  baile  le  tiro  un  ojo. 

Cor.  Pero,  señores,  ¿se  ha  conclnio  la  animasión? 

¡Ni  que  esto  fuera  un  velatorio! 

Mat.  [Anda!  ¡si  es  Corruco! 

Inglés  Mí  querer  oir  cantar  muy  hondo  al  torea- 
dor. (Risas.) 

Mat.  ¡Ole!  ¡un  inglés!  ¡Pero  qué  típico  es  todo 

esto! 
Tío  PiNG.   Cabayeros,  soniche,  y  que  haiga  una  mijiya 

e  lacha. 
Mat.       '     ¡Muy  típico!  ¡muy  típico! 
Tío  Pino.  ¿No  les  paese  á  sus  mersedes  que  pa  darle 

gusto  aquí  ar  mirlo,  Corruco  debía  cantarse 

arguna  cosa  antes  e  dirse  á  la  corría? 
Mat.  ¡Es  la  ocasión  más  á  propósito! 

Tío  Pino.    Porque  yo  sé  que  aquí  el  inglé'í  es  un  aqui- 

rindoy  de  lo  güeno,  y  que  Corruco  chanela  de 

cnpliyas  como  de  niulabá  bureles. 
Mat.  ¿En  qué  habla  este  hombre? 

Lola  ¡Si,  sí,  que  cante  Corruco! 

Varios         ¡Mu  bien!  ¡mu  bien!  ¡Que  cante!  ¡qué  cante! 
Cor.  Pero  ¿qué  quién  ustés  que  yo  cante? 

Tío  Pino.   Arráncate  por  seguiriyas,  amfoso.  Mía  una 

copla  con  ducas: 


—  i>9  - 

MeniJa  camelai  a 
iue  (Ucar,  gachí, 
arjali pando  sata  asjuliatrah.is 
pie  fun  hachurrí. 
Max.  ¡Qué  bonitü  esl 

Cor.  Eso  es  mu    triste,  tío  Pingandí.  Coja  usté 

la  guitarra  y  acompáñeme  usté  un  tanguito. 
Tío  PiNG.    Mu  á  gusto.  Y  á  vé  si  me  siguen  unas  par- 
mitas  sordas. 

Inglés  ¡Ole!  ¡ole!    ¡ole!  (eIIos  y   uUas  tocan   las   palmas,  el 

tío  Pingandi  rasguea  con  pretensiones  y  el  Inglés  en- 
loquece.) 

Cor.  (cantando.) 

No  me  yores  tú,  mi  gitana, 
no  me  yor^s  tú,  mi  tesoro, 
que  á  la  Plasa  me  voy  tranquilo 
por  que  á  mí  no  me  coge  er  toro. 
Me  verás  gorvé  mu  contento 
á  contarte  á  tí  la  corría; 
no  me  jores  n:ás,  compañera, 
no  me  yores  más,  gloria  mía. 


I 


Coro  No  le  yores  más,  compañera, 

M.íVT.  no  le  yores  más  por  tu  vía; 

lo  verás  gorvé  mu  contento 
á  contarte  á  tí  la  corría. 


Cor.  Torerito  vine  ar  mundo, 

torerito  moriré, 
torerito  ha  de  quererme 
quien  me  tenga  de  queré. 


Coro  Torerito  vino  ar  mundo, 

torerito  habrá  de  sé, 
torerito  ha  de  quererlo 
quien  lo  tenga  de  queré. 


Cor.  Yo  nasí  en  un  tendió 

de  la  Plasa  de  Utrera, 
y  á  los  dos  ó  tres  meses 
me  dejé  la  coleta. 


—  30  — 

Me  pegaba  mi  pare 
porque  no  iba  á  la  escuela, 
pero  yo  me  escapaba 
á  herraeros  y  tientas. 


Torerito  vine  ar  mundo, 
torerito  moriré, 
torerito  ha  de  quererme 
quien  me  tenga  de  queré. 


(Mro 
Mat. 


Torerito  vino  ar  mundo, 
torerito  habrá  de  sé, 
torerito  ha  de  quererlo 
quien  lo  tenga  de  queré. 


Ogro  í  chocando  cañas  de  manzanilla.) 

Choque  usté,  choque  usté, 
choque  usté,  choíiue  usté... 

(Corrueo,  mientras  todcs  chocan  las  cañas,  baila  el 
hombre  loco  de  alegría,  sin  dnda  olvidándose  de  los 
toros  que  tiene  que  matar.  A  la  conclusión  del  baile- 
cito  prorrumpen  los  presentes  en  oles  y  gritos  de  en- 
tusiasmo.) 

Coro  ¡  Eso  es  tené  coraje 

y  eso  es  canta; 
ole  la  valentía 
y  ole  la  sá! 
¡Un  poquito  de  baile 
no  viene  má: 
con  que  mosas  y  mosos 
vamos  aya! 

(Se  destacan  dos  ó  tres  parejas  dispuestas  á  todo.) 

ÍjOla  ¡Ole  [ole! 

Mat.  ¡Ahora  baile!  [Pues  lo  estoy  p.TSTudo  divi- 

namente! (Las  parejas  bailan.  Al  final  hay  palmas, 
vivas  y  oles,  que  cesan  al  presentarse  Caireles  en  el 
fondo.) 


31  — 


ESCENA  V 


DICHOS 


CAIRELES 


Cair. 
Varios 
Max  . 

Cair. 

Lola 

Cair. 

Mat  . 

Cair. 

Lola 

Cor. 

Max. 

Cor. 


Max. 

Cair. 

Cor. 
Cair. 


Mat. 

Lola 

Cair. 

Max. 
Cair. 
Max  . 


¡Salú! 
¡Caireles! 

¡Adiós  mi   dinero!  Este  viene  por  mí.  Pues 
todo  será  que  se  me  ahume  el  pescado... 
¡Bien  te  diviertes,  Lola! 
¿Traes  ganas  de  pendencia,  Caireles? 
Traigo  ganas  de  conosé  á  ese  guapo. 
Gracias;  favor  que  usted  me  hace. 
¿Es  acaso  este  torerito? 
Caireles,  no  me  comprometas. 
Este  torerito,  no  es  guapo... 
¡Mira  que  no  va  contigo,  tonto! 
Pero  si  tú  vienes  á  darle  tormento  á  esta 
mujé,  que  á  mí  no  me  quiere,  ni  á  tí  tam- 
poco, por  lo  visto,  tienes  que  habértelas  con 
mi  persona. 
Corruco,  no  te  conozco. 
¡Sea  con  quien  sea!  ¡Si  lo  que  yo  nesesito  es 
l)eberme  la  sangre  de  uno! 

(cogiendo  uua  navaja  de  las  que  hay  por  allí.)  jPoS  á 

vé  si  es  la  mía! 

(Abriendo  su  navaja.)  ¡A  VCrlol  (Alarma  general:  gri- 
tos de  las  mujeres  y  de  los  majos  que  separan  á  los 
contendientes.  El  Inglés  se  mete  debajo  de  uua  mesa  y 
el  tío  Pingnndí  debajo  de  otra.  Es  lo  característico  eu 
casos  tales.  Lola  se  pone  entre  Caireles  y  Corruco  para 
impedir  una  desgracia.) 
(Durante  la  pendencia.)  ¡Muy  típico!  ¡muy  típíCo! 

[Yo  no  he  visto  nada  más  típico! 
¿Quiés  no  tené  mala  sangre,  Caireles?  ^,Y  tú, 
Corruco,  quiés  no  sé  loco?  Esto  se  ha  acabao. 
Aquí  tos  somos  amigos.  A  seguí  la  fiesta. 

(.Salen  de  debajo  de  las  mesas  el  Inglés  y  eltíoPingandí.) 

No  te  empeñes,  Lola:  la  fiesta  no  sigue,  por- 
que yo  no  quiero.  ¡Te  lo  juro  por  tus  sacáis! 

(indignado.)  ¡O  SÍ  sigUC,  Cal 

¿Quién  lo  ha  dicho? 

(incorporándose,  aunque    siempre   dormido.  Todos  mi 


rail  eou  curiosidad  hacia  el.)  ¡Yo!  ¿Qué  treS  rába- 

uos  es  usted  para  impedir  que  aquí  nos  di- 
virtamos? 

Lola  ¡Matruqui,  no  te  comprometas! 

Mat.  (Fuera  de  si.)  ¡Déjame,  que  me  lo  voy  á  comer 

con  manta  y  todo! 

Cair.  ¿Es  á  mí? 

Mat.  ¡a  usted,  mozo  crúo!  ¡Me  está  usted  moles- 

tando ya  con  tanta  yo wja na,  y  tanto  pinrel,  y 
tanto  camelar  y  tanto  sacáis!  ¿De  dónde  sa- 
cáis todo  eso,  hombre? 

Cair.  ¿Es  ese,  Lola? 

Lola  ¡Ese  es! 

Cair.  ¡Pos  ya  está  aquí  mi  perdisión!  (Tira  de  la  na- 

vaja y  avanza  un  poco  liacia  Matruqui.  Gritos  genera- 
les, que  duran  liasta  que  Matruqui  despierta.  Lola  y  Co- 
rruco detienen  á  Caireles,  que  forcejea  con  ellos.) 

Mat.  i  y  la  mía!  ¡A  ver:  la  escopetal 

Cair.  jSortarme!  jsortarme! 

Mat.  (cogiendo  la  escopeta  de  marras  y  apuntándole  á  Caire- 

les.) ¡Soltarlo!  ¡Ahora  verás!  (Dispara  la  escope- 
ta. -^  la  detonación  rómpese  el  encanto  del  sueño  y  de.s- 
apareee  el  cuadro  del  foro,  quedando  la  habitación 
como  al  principio.  Matruqui  despierta  alarmadísimo  sin 
soltar  la  escopeta;  don  Crisanto  se  jjone  de  pie  en  la 
cama  con  los  pelos  do  punta;  por  la  puerta  de  la  izquier- 
da llega  despavorido  don  Ramón  y  por  la  de  la  derecha 
Manuela  y  Bartolo.) 


ESCENA  VI 

matruqui,  don  crisanto,  don  ramón,  MANUELA 
y  BARTOLO 

Mat.  ¡Qué!  ¡qué!  ¿Qué he  hecho?  ¿qué  he  hecho? 

D.  Cris.  ¿Qué  ha  hecho  usted?  ¿Qué  ha  hecho  us- 
ted, hombre? 

Mat.  ;Soy  sonámbulo!  ¡Ha  sido  soñando! 

D,  Kam.      ¿Quién  se  ha  suicidado  en  mi  casa? 

Bart.  ¿Qué  ha  pazao?  ¿qué   ha  pazao?  ¿qué  ha 

pazao? 

Man.  ¿Quién  ha  tirao  er  tiro? 

Mat.  ¡No  asustarse!  ¡ha  sido  soñandol 


D.  Cris. 
D.  Ram. 
Max. 
Bart. 
D.  Ram. 
Max. 
Man. 
Max. 


-   33  — 

Me  han  metido  en  la  alcoba  un  locol 
, Cálmese!  ¡cálmese! 

Ha  sido  soñando!  ¡ha  sido  soñando! 

Pero  er  zusto  nos  lo  hemos  yevao! 
,  Ahora  mismo  se  va  usted  á  la  callel 
'Soy  sonámbulo!  |Ha  sido  soñando! 
jAy,  qué  cosa  máH  grasiosa! 
¡Soy  sonámbulo!  ¡Ha  sido  soñando!  (í:stas  fra- 
ses casi  simultáneas.  Cae  rápidamente  el  telón.) 


Intermedio  musical 


I 


(Apenas  comenzado  vuelve  á  levantarse  el  telón,  para 
dejar  al  descubierto  otro  que  representa  una  tarjeta 
postal  con  una  vista  de  Sevilla,  en  la  que  hay  escrito  lo 
siguiente:) 

Simpático  doctoi:  desde  Sevilla, 
el  país  de  lo  alegre  y  de  lo  bello, 
entre  un  ¡viva!  y  un  ¡ole!  á  voz  en  cuello 
le  escribo  esta  postal  con  manzanilla. 
Y  si  he  de  darle  mi  impresión  senci'la, 
le  juro  á  usted,  aunque  se  asombre  de  ello, 
que  de  cuanto  me  habló,  de  todo  aquello, 
nada  vi  que  no  fuera  en  pesadilla. 
No  sabe  usted  ni  el  punto  de  una  jota 
de  lo  que  vale  su  Sevilla  neta, 
tan  lejos  de  la  falsa  que  se  explota... 
Conclusión  de  soneto  y  de  tarjeta: 
que  es  usted  andaluz  de  chirigota 
y  que  miente  usted  más  que  la  Gaceta. 


Matruqui. 


•Sevilla,  Al.rll  IWl 


-  34 


CUADRO  TERCERO 


Habitación  humilde  uu  casa  de  Lola,  cu  Sevilla.  1  as  jjaiedes  blancas. 
A  la  dereclia  del  actor  uua  puerta.  A  la  izquierda  otra.  Al  foro  una 
ventana  sin  reja,  que  da  á  uu  patinillo.  En  la  ventana  algunas  ma- 
cetas con  flores.  Colocados  con  arreglo  á  las  conveniencias  escéni- 
cas, una  máquina  de  coser,  un  tablero  de  modista,  un  costurero, 
uua  canastilla  de  labor,  un  maniquí  con  una  blusa  puesta  y  varias 
sillas.  Sobre  la  cómoda  un  fanal  con  uua  imagen  de  la  Virgen  y 
cuadritos  con  fotografías. 

En  las  paredes  láminas  de  periódicos  tauriuos  y  carteles  de 
corridas  de  toros.  En  un  rincón  una  maceta  de  claveles  y  un  ca- 
nasto cubierto  con  un  lienzo  cosido,  y  en  el  rincón  opuesto  uu 
bastón. 

Es  de  dui. 


ESCENA.  PRIMERA 

ANTONIO  y  MATETQUI 

AnT.  (Aparece  frente  á  la  ventana    en   actitud    de  brindar  uu 

toro.  Terminado  el  brindis,  se  encamina  hacia  la  puerta 
de  la  izquierda  como  si  fuera  hacia  el  animal,  sin  omitir 
detalle.  Una  vez  cerca  de  la  puerta,  y  colocado  de  es- 
paldas á  la  otra,  hace  como  que  despliega  el  trapo,  y 
allí  se  despacha  á  su  gusto  toreando  de  muleta.  Faena 
mejor  no  se  ha  visto  nunca.  Las  palabras  que  siguen 
son  para  intercaladas   en  la   faena.)  ¡Olel  ¡Vaya  U 11 

pase!...  ¡Ju!...  ¡Olel  ¡Olel  ¡Ole! 

Max  .  (Llega  triste  y  cejijunto  por  la  puerta  de  la  derecha,  con 

el  maletín  de  viaje  y  dos  ó  tres  líos.  Se  detiene  salu- 
dando en  la  misma  puerta,  y  al  reparar  sorprendido  eu 
Antonio,  lo  deja  hacer  y  lo  observa  lleno  de  admira- 
ción.) Buenas  tardes. 

Ant.  ¡Ole! 

Max  .  Buenas  tardes,  amigo. 

Ant.  ¡Ole! 


—  3o  - 


Mat.  ¿Qné  hace? 

Ant.  [Déjalo! 

Max.  Ah,  vamos;  está  matando  un  toro. 

Ant  ¿Quiés  dejarlo,  guasón? 

Mat.  Pero  ¿quién  le  toca? 

Ant.  ¡Olel  ¡Ole!  ¡Ole!  ¡Dale  una  güerta!  (Figura  dar 

sela   él   mismo.)    |GÍÍen0    CStá!    (Principia   como   á 
igualarle  la  cabeza  al  bicho  para  entrar  á  matar.) 

Mat.  Ahora  va  á  ser  ella. 

Ant.  (imitando  al  público,  mientras    se   perfila.)  ¡No!  ¡DO! 

¡nol  ¡que  está  abiertol 
Mat.  Ah,  ¿también  hace  de  público?  ¡Pues  se  va 

á  ganar  una  ovación! 

Ant.  (Después  de  un  par  de  pases  más.)  ¡Ole!  ¡Ahora!    (So 

perfila  otra  vez  ) 

Mat.  Estoy  emocionado.  ¿A  que  lo  coge?  |Y  no  es 

nadie  perfilándose!...  Va  á  echarse  abajo  la 
nariz,  como  el  Cohibido. 

Ant.  (Tirándose  á  matar  )  ¡AJUUU!.  . 

Mat.  (Metido  en  situación.)  ¡.Juuu!... 

Añt.  |No  le  toques!...  ¡Déjalo!  ¡Está  muerto;  no  le 

toques!  Sin  puntiya. 
Mat.  ¡Claro!  Hubiera  sido  una  tontería  no  acabar 

con  él. 

Ant.  (Hace  como  que  saca  la  espada  y  se  la  da   á   un  peón, 

y   empieza   á   cosechar   aplausos,    á    devolver    sombre- 
ros y  á  dar  gracias  al  público  corriendo  por  la  escena.) 

Toma, 
Mat.  Está  más  loco  que  una  yegua.  A  ver   si  asi 

me  ve.  ¡Oie!  (Le  tira  el  sombrero,  que  le    da    en   los 
pies  y  lo  asusta,  volviéndolo  á  la  realidad.) 

Ant.  ¿Qué  es  esto?       « 

Mat,  JSo  es  el  toro;  soy  yo. 

Ant.  ¡Ah!  Güeñas  tardes.  Estaba  distraío. 

Mat.  Ya,  ya;  si  es  que  me  ha  entusiasmado  la 

faena. 

Ant.  Muchas  grasias.  Tenga  usté  su  sombrero. 

Mat.  Diga  usted:  ¿vive  aquí  una  muchacha  costu- 

rera que  se  llama  Lola? 

Ant.  Sí,  señó.  Y  ya  sé  yo  quién  es  usté. 

Mat.  ¡Hombre! 

Ant.  Usté  es  Matruqui. 

Mat.  (¡Así,  con  confianza!)  Matruqui  soy;  no  lo 

puedo  negar. 


—    ofi   — 

Ant.  Pos  si  Lola  se  3'eva  to  er  día  con  Matruqui 

pa  arriba,  Matruqui  pa  abajo... 

MaT  .  (Con  el  semblante  iluminado  por  la  esperanza.)  ¿Sí? 

Ant.  Dise  que  es  usté  un  tío  de  grasia. 

Mat.  ¿Un  tío  de  gracia?  ¡.Ja,  ja!  ¿Usted  es  herma- 

no de  ella? 

Ant.  Sí,  señó. 

Max.  Por  muchos  años. 

An'i-.  Por  tres  años  na  más. 

Mat.  Ah  ¿nada  más?  ¿Dentro  de  tres  años  ya  no 

es  usted  hermano  suyo? 

Ant.  No,  señó;  quiero  desí  que  le  yevo  tres  años. 

Mai  .  Eso  es  otra  cosa.  ¿Y  será  usted  tan  amable 

que  la  avise  de  que  esto}'  aquí? 

Ant.  Sí,  señó;  á  eya  y  á  mi  tío. 

Mat.  a  los  dos.  Vengo  de  despedida. 

Ant.  (con  desilusión.)  (¡Vamos,  hombre!  Tanto  habla 

de  Matruqui,  Matruqui  y  Matruqui,  y  ahora 
resurta  que   á   Matruqui  paese  que  lo  han 

COmpraO  de  lanse.)  (Vase  por  la  puerta  de  la  iz- 
quierda corriendo  á  lo  torero.  Este  tipo  habla  y  obra 
siempre  toreando,  y  al  remate  de  cada  suerte  saluda 
como  los  toreros  al  público.) 


ESCENA  II 

MATRUQUI;    después    LOLA 

Mat.  (soltando  un  suspiro  profundo.)  ¡Ay!  [Me  ausento 

de  Sevilla!...  ¡^ué  tres  días  he  pa?ado!... 
¡Qué  feria!  ¡qué  sueño!  ¡qué  paraíso!...  ¡Y 
qué  embusterísimo  es  Gamero!  Por  supues- 
to, que  yo,  en  cnanto  entré  en  Sevilla  y  vi 
que  no  estaba  bailando  el  jefe  de  estación, 
dije  para  mí:  «Aquel  charlatán  de  Gamero 
me  ha  engañado.»  ¡Y  hay  tantos  Gameroí!... 
Como  que  aquí  viene  uno  creyendo  que  los 
curas,  en  los  entierros,  cantan: 

El  que  muere  y  confiesa, 
cariño, 

no  va  al  infierno, 
(se  ríe.)  Es  lo  mismo  que  lo  de  la  navaja  en 


I 

r 


—  37  — 

la  liga.  Yo  en  los  tres  días  que  he  paso  do 
aquí  no  he  visto  ninguna  mujer  con  la  na- 
vaja en  la  liga...  Y  luego  dale  conque  «allí 
tratará  usté  mozos  crüos...  allí  encontrará 
usté  gente  crúa...-»  Pero,  ¿es  que  en  alguna 
parte  del  mundo  guisan  á  la  gente?...  Des- 
precio á  Gamero. 

Lola  (Asomándose  por  la  ventana.)  ¡MatruqUl! 

Ma'I' .  (Dando  nna  vuelta,  emocionado.)  ¿Eh?  ¡Lolal 

Lola  Voy  en  seguida.  Estoy  tendiendo  una  po- 

quiya  e  ropa  y  acabo  al  istante. 

Mat.  Tardecillo  es;  pero  yo  por  usted  soy  capaz 

de  perder  la  vuelta  del  botijo. 

Lola  Descuide  usté  que  no  la  perderá.  No  merez- 

co yo  tanto.  Hasta  ahora. 

Mat,  Que  no  merece...  que  no  merece...  ¡Ay,  Dios 

mío  de  mi  alma!  Esa  mujer  me...  me...  Tie- 
ne una  cosa  que  me...   Vamos,  que  la  veo... 

y  se  me  caen    los    líos.    (Oeja  caer  todos  los  une 

trae.)  En  el  tren  me  volvió  tarumba...  y  ayer, 
en  la  feria,  cuando  la  encontré,  me  turbó 
el  sentido  su  j9resew.sm...  ¡Caramba!  ya  digo  yo 
presensia...  ¡Como  se  me  pega  el  asenio\ 


ESCENA  III 

MATRUQUr,  LOLA,   SEÑÓ  .TQAN  y  ANTONIO 
Lola  (Por  la  puerta    do    la    izquierda.)    Grasias  á  DIoS 

que  viene  usté  á  favoresé  mi  casa,  señó  Ma- 
truqui. 

Mat  .  El  favor  es  para  mi,  Lolita.  (Pero  esta  mujer 

y  el  alcalde  de  mi  pueblo,  ¿son  de  la  misma 
especie?) 

Lola  Lo  malo  es  que  viene  usté  de  entra  y  sá, 

porque  viene  de  despedía. 

Mat.  No  estoy  conforme.    Vendré  de  entra,  pero 

de  sá...  Aquí  la  sá  la  tiene  usted  toda. 

Lola  ¡Ay,  Jesús,  qué  gorpe!  Siéntese  usté,  por- 

que un  gorpe  así  no  pué  resistirse  á  pie  fir- 
me. (Mirándolo  muy  cerca,  j 

Mat.  No  puede  resistirse,  no...  (Matruqui,  Matru- 


—  .'iS  — 


Lola 
Mat. 
Lola 


Señó  J. 
Lola 
Señó  J. 
Lola 

Señó  J. 


Mat. 
Lola 

Señó  J. 


Mai 


Señó  J. 

Mat. 

Lola 

Mat. 
Señó  J. 


Mat. 


qni,  que  te  vas  á  quedar  en  Sevilla )  (Deján- 
dose caer  mieutras  habla,  sin  darse  cuenta  de  lo  que 
hace,  en  una  silla  sobre  la  que  está  la  canastilla  de  la- 
bor de  Lola.)  [Ay!... 

¿Qué  es  eso?  ¿un  suspiro? 

No,  señora:  una  aguja. 

(soltando  la  risa.)   ¡Vaya  por  Dios,  qué  mala 

suerte'  Pero  ¿dónde  tiene  usté  los  ojos,  Ma- 

truqui?  ¡Vaya  por  Dios!  (Ponela  canastilla  sobre 
la  cómoda.) 

(centro.)  ¿Se  pué  pasá? 
Pase  usté, 
Pero  ¿se  pué  pasá? 

Que  sí,  tito,  que  pase  usté;  no  sea  usté  chin- 
che. 

(saliendo  por  la  puerta  de  la  izquierda,  un  poquito 
alumbrado,  en  mangas  de  camisa  y  con  un  pantalón 
viejo  lleno  de  cal  y  atado  á  la  cintura  con  una  cuerda. 
En  la  mano  trae  una  escobilla  de  encalar  sujeta  al  ex- 
tremo de  una  caña  larga  que  deja  apoyada  en  la  pared 

cuando  sale.)  Güenas  tardes. 
Buenas  tardes. 

¡Jesús,  qué  facha,  tito!  ¿Tiene  usté  való  de 
presentarse  así  dtlante  e  la  gente? 
Ya  he  preguntao  dos  veses  si  podía  pasá. 
(a  Matruqui.)  Miste:  yo  soy  un  hombre  que  ar 
vino  le  dise  vino,  y  ar  pan  le  dise  vino  tam- 
bién. ¡Y  está  to  hablao  entre  nosotros! 
(Como  que  ya  traes  tu  poquito  de  pan  en  el 
cuerpo.) 

(Sale  Antonio  con  una  botella  de  manzanilla  y  cuatro 
cañas,  que  pone  sobre  el  costurero  con  el  mismo  movi- 
miento que  si  cambiara  un  par  de  banderillas. En  segui- 
da se  dedica  al  torco,    abstraído   completamente.) 

¿Usté  viene  de  despedía,  no  es  verdá? 
Desgraciadamente,  sí,  señor. 
Miá  qué  cara  tan  mustia  ha  puesto.  Paese 
que  le  ha  yovío. 
(Riéndose.)  Esta  mujer... 
Pos  como  no  es  cosa  de  despedirnos  gimien- 
do y  yorando,  á  mí  se  me  ha  ocurrió  orse- 
quíarlo  á  usté  con  unas  cañitas.  (Le  da  una 

llena.) 

Muchas  gracias. 


Señó  J. 

Mat. 
Señó  J 

Mat. 

Lola 

.Señó  J. 

Ant. 

Lola 

^TAT. 


IjOla 
Mat. 
Lola 
Max. 


[jOLA 

Mat. 

Lola 

Mat. 

Ant. 

Mat. 

Señó  J. 

Mat  . 

Señó  J  . 

Mat. 

Lola 

Mat. 

Ant. 

Mat, 

Ant. 

Lola 

Ant. 

Lola 

Ant. 

Lola 

Ant. 
Señó  J. 


-  3)  — 

Porque  dise  er  refrán:  Cuando  te  vayas  de 

Seviya,  bebe  vino  y  no  descarrilas. 

No  lo  había  oído  nunca. 

¡Ni  yo!  (a  Antonio.)  TÚ,  Cayetano  San,  toma 

una  caña.  Loliya,  toma  tú. 

¡Por  Sevilla,  señoresl 


[¡Por  Seviyal 

¡No  se  vaya  usté  esta  tarde,  Matruqui! 
No  me  lo  diga  usted,  por  Dios.  ¡Qué  tierra 
tienen  ustedes!  ¡Qué  hermosura!  ¡No  se  can- 
sa uno  de  ver  cosas  bonitas! 
¿Ha  subió  usté  á  la  Girarda? 
¡En  cnanto  descansé  del  viaje! 
;Ha  visto  usté  la  Fábrica  e  Tabacos? 
¡Ya  lo  creo!  ¿Sabe  usted  lo  que  me  dijo  una 
cigarrera?  «¡Ay,  er  señorito,  que  paese  una 
vela  pa  las  tormentas!» 
¡Qué  güeno!   ¿Y  el  Arcasa,  lo  ha  visto  usté? 
¡Digo! 

¿Y  la  Cátedra? 
¡Vaya! 

¿Y  la  Plasa  e  Toros? 
¡También! 

(Fuera  de  tono.)  ¿Y  ha  tomao  usté  la  mansa- 
niya  de  casa  e  la  Viuda? 
No,  señor;  eso  no. 

¿Que  no?   ¿Y   se  va   usté  de   Seviya  tan 
fresco? 

¡Por  lo  mismo! 

¿Y  la  Cartuja?  ¿Ha  estao  usté  en  la  Cartuja? 
No. 

¿Y  en  Tabla? 
Tampoco. 

¿No  ha  estao  usté  en  Tabla? 
¿Y  ha  visto  usté  er  Museo? 
¿Y  er  Sircnlo  taurino? 
¿Y  nuestro  Señó  der  Gran  Podé? 
¿Y  el  en  sierro? 

¿Y  er  corra  der  Conde?  ¿Y  er  güerto  e  Ca- 
puchinos? 

¿Y  la  freiduría  der  Minuto? 
/y  er  chaiito  der  barrilón  de  Eritaña? 


—  40  - 

Max.  De  todo  he  visto  un  poco...  pero  aprisa... 

Llevo  en  la  cabeza  un  revoltijo  de  torres,  de 
patios,  de  corrales,  de  caras  bonitas,  de  di- 
chos graciosos,  de  pregones,  de  azotea?,  de 
toros,  de  cañas,  de  iglesias,  de  huertos,  de 
flores,  de  azulejos,  de  moros,  de  cristianos... 
¡qué  sé  yo!  ¡Vamos  á  bebemos  otra  caña! 
La  última  y  me  voy. 

Señó  J.  La  úrtima  no,  pero  vamos  á  eya.  ¡Una  caña 
no  se  despresia  nunca!  Porque  dise  er  re- 
frán: Más  vale  caña  en  mano  que  bodega 
en  fotografía. 

Mat.  ¡Muy  bien  hablado,  amigo! 

Señó  J.  ¡Choque  usté!  ¡Y  er  que  no  se  qniea  morí... 
que  no  nazca!  (Bebeu.) 

Max.  ¡Me  parece  muy  razonable! 

Lola  Usté  no  lo  querrá  creé,  pero  lo  veo  á  usté 

di  con  mucha  pena. 

Max.  (¡Dios  mío!  ¿Se  habrá  enamorado  esta  sevi- 

llana de  Matruqui?) 

Lola  Y  usté  nos  va  á  dispensa,  pero  acá,  aunque 

sernos  pobres,  sernos  agradesíos,  y  queremos 
que  se  yeve  usté  un  recuerdito  de  nosotros  .. 

Señó  J.        ¡Hombre,  es  verdá! 

Lola  (Prcseutáudole   la    maceta   de   claveles    y   el   canasto.) 

Mire  usté:  esta  es  la  maseta  que  echa  los 
claveles  aqueyos  que  yo  yevaba  ayé;  y  estas 
son  unas  tortitas  mu  ricas  de  mi  hermana 
la  monja... 

Max.  ¿Cómo  expresar  lo  que  agradezco?... 

Señó  J.  (ofreciéndole  el  bastón.)  Pos  yo,  más  humirdc 
que  nadie,  también  soy  mu  gustoso  de  or- 
sequiarlo.  Este  es  un  bastón  que  no  tiene 
más  mérito  que  er  puño,  costruído  por  mí 
Y  ha  de  tené  usté  en  cuenta  que  yo  no  soy 
artífise:  soy  un  pobre  regente  de  imprenta 
despedío  por  curpa  e  la«  erratas.  Prinsipié 
labrando  la  cara  dar  Bombita  chico  y  me  ha 
salió  Romero  Robledo.  Otra  errat?..  A  usté 
le  será  iguá. 

Max,  No,  señor;  pero  lo  agradezco  infinito.  Lo 

que  siento  es  que  ustedes...  Créanme:  estoy 
conmovido...  estoy  nervioso...  Me  quedaría 
entre  ustedes  unos  días  más. 


—  4!  — 

Señó  J.        ¿Pos  tiene  usté  más  que  quearse? 

Lola  ¡Quédese  ustél 

Mat.  No,  no;  no  puedo.,,  si  es  que  no  puedo... 

Lola  Lo  que  uo  se  puede  es  lo  que  no  se  quiere... 

Ant.  Por  la  güerta  der  tren  no  lo  haga  usté,  por- 

que yo  se  la  vendo. 

Señó  J.        ¡Se  quea,  hombre,  se  quea! 

Mat.  No...  no... 

Señó  J.  ¡y  esta  misma  tarde  va  usté  á  proba  er 
mejó  vino  de  Seviya! 

Lola  ¡Digo!  ¡Y  mañana  va  usté  á  di  ar  bautiso  de 

un  sobriniyo  mío! 

Ant.  ¡Es  verdal  ¡Y  que  es  padrino  er  Guasa  viva 

chico! 

Lola  ¡Ayi  verá  usté  una  fiesta  con  ángel 

Mat.  Ay...  ay...  me  van  ustedes  á  perder... 

Señó  .J.        ¡Ya  está  entregao!  ¡ya  está  entregao! 

Ant.  ¡Si  se  quea  usté  lo  presento  á  Revertel 

Mat.  Lola...    (^Una    pregunta    intencionadísima.) 

¿Me  quedo. .  ó  no  me  quedo? 

Lola  ¡Quédese  usté,  hombre,  quédese  usté! 

Mat.  ¡Señores!  ¡rae  quedo!  (Algazara  general.  Le  quitau 

de  las  mauos  lo  que  le  han  dado.) 

Lola  ¡Ole!  ¡ole!  ¡Viva  Matruquii 

Señó  J.        ¡Ya  sabía  yo  que  usté  era  un  barbián! 

Ant.  ¡Déme  usté   la  güerta  y  la    vendo    ahora 

mismo! 
Mat.  Vaya.  ¡Quemé  mis  naves! 

Ant-  Voy    por    mi    gorra.    (Vase   por  la  puerta  de  la  iz- 

quierda. El  señó  Juan  prepara  otras  eañitas  para  cele- 
brar el  fausto  suceso.) 

Mat.  (He  hecho  una  locura:   no  me  queda  un 

céntimo...  Voy  á  tener  que  empeñar  el  dien- 
te orificado...) 

Señó  J.  (Dándole  su  caña  á  cada  cual.)  Lo  dise  er  refrán: 
Si  desistes  de  un  viaje,  bebe  vino  y...  Güe- 

no,  bebe  vino.  (Se  oye  dentri)  nn  silbido  fuerte  y 
prolongado.) 

Lola  A  vé...  Gayarse... 

Mat.  ¿Qué  pasa? 

Señó  .J.       ¿Qué  es  eso? 

Lola  Gayarse...  (vuelve  á  oírse  ei  silbido.)  ¡El  es!  ¡Ma- 

noliyo,  tito!  ¡Manoliyo  que  ha  güerto!  (vas(4 

corriendo  loca  de  alegría  por  la  puerta  de  la  izquierda.) 


—  42  - 

Mat  .  ¿Cómo? 

SeSÓ  J.        ¡Coeas  e  mujeres!  |Er  novio  que  estaba  fue- 
ra, y  ha  venío! 
Mat.  (paiideciencio.)  ¿El  iiovio  de  quiénV 

Señó  J.  ¡Er   novio   e    Lolal    (a  ^ratruqui  se  le  cae  la  caüa  ) 

Si  están  las  cosas  mu  adelantas...  Se  casa- 
rán este  verano. 

Mat.  (Sujetando   por  la  americana  á  Antonio,  que  sale  por  ia 

izquierda   como   una   exhalación,    decidido  á  vender  la 

vuelta )  ¡Eh!  ¡Ven  acal 

Ant.  ¿Qué  quié  usté? 

Mat.  ¡La  vuelta  I 

Ant.  |La  güerta  está  vendía! 

Mat.  ¿Ya? 

Ant.  ¡En  cuanto  yegue  á  la  estasión  y  la  ofrezca! 

Mat.  Ah,  no;  no  llegues:  me  tengo  que  ir.  Dáme- 

la, dámela. 

Srñó  J.        ¿Cómo  es  eso?  ¿Se  arrepiente  usté? 

Mat.  .Recogiendo  maquinalmente  su  maletín  y  sus    líos,    la 

maceta,  el  canasto  y  el  bastón  y    aun  algo   que  no    le 

pertenece.)  Sí,  señor:  lo  siento  en  el  alma.  Me 
he  acordado  de  que  no  tengo  dinero...  ycomo 
resulta  que  aquí  no  está  to  pagao,  como  yo 
creía .. 

Señó  J.  ¡Por  dinero  no  lo  haga  usté!  Tú,  yama  á 
Lola.  ¡Lolal 

Ant.  ¡Lola! 

Mat.  Nada, nada... Me  voy...  no  la  llamen  ustedes... 

Seño  J.  Amigo,  me  ha  dejao  usté  como  cuajao.  Paese 
que  no  he  bebió  más  que  agua.  ¡Lola! 

Lola  fsaiiendo.)  ¿Qué  hay? 

Señó  J.        Ya  lo  ves:  que  se  va  este  hombre. 

Lola  ¿Pos  no  estaba  usté  en  quearse,  Matruqui? 

Mat.  Donde  estaba  era  en  Babia. 

Lola  ¡Ay,  cuánto  lo  siento! 

•Mat.  Nos  veremos  muy  pronto,  Lola.  Vendré  á 

bautizarle  á  usted  el  primer  retoño... 

Lola  Se  aserta. 

Mat.  y  procuraré  quedar  como  padrino  á  la  altu- 

ra del  Guasa  viva  chico. 

Ant.  ¡Ca! 

SeñóJ.  (Levantando  una  caña.)  Pos  ahoramc  acuerdo 
de  un  refrán  que  dise:  Si  arguien  se  va  de 
regreso... 


—  43  — 

Max.  Toma  vino  y  tente  tieso. 

Señó  J.       Usté  lo  ha  rematao. 

MaT.  (ai  pViblico.) 

En  la  mano  el  equipaje, 
de  Sevilla  el  alma  llena, 
trocada  por  una  buena 
la  mala  impresión  que  traje, 
aunque  con  pena  y  coraje 
por  culpa  de  una  morena, 
dejo  aquí  coraje  y  pena 
si  me  dices:  ¡Buen  viaje! 


FIN 


Madrid,  Junio,  1902. 


OBRAS  DE  üOS  IVUSiaOS  ñÜTOf{ES 


Esgrima  y  amor;  juguete  cómico. 

Belén,  12,  principal,  juguete  cómico. 

Gilito,  juguete  cómico-lírico. 

La  media  naraiija,  juguete  cómico. 

El  tío  de  lajinnia,  juguete  cómico.  (2.*  edición.) 

El  ojito  derecho,  entremés.  (2.a  edición.) 

La  reja,  comedia  en  un  acto.  (3.a  edición.) 

La  buena  sombra,  sainete  en  tres  cuadros.  (5.a  edición.) 

El  peregrino,  zarzuela  cómica  en  un  acto. 

La  vida  íntima,  comedia  en  dos  actos.  (2.a  edición.) 

Los  borrachos,  sainete  en  cuatro  cuadros.  (2.a  edición.) 

El  chiquillo,  entremés.  (3.a  edición.) 

Las  casas  de  cartón,  juguete  cómico. 

El  traje  de  luces,  sainete  en  tres  cuadros. 

El  patio,  comedia  en  dos  actos.  (2.a  edición.) 

El  motete,  entremés  con  música. 

El  estreno,  zarzuela  cómica  en  tres  cuadros. 

Los  Galeotes,  comedia  en  cuatro  actos.  (2.a  edición.) 

La  pencL,  drama  en  dos  cuadros. 

La  azotea,  comedia  en  un  acto. 

El  género  ínfimo,  pasillo  con  música. 

El  nido,  comedia  en  dos  actos. 

Las  flores,  comedia  en  tres  actos. 

Los  piropos,  entremés. 

El  flechazo,  entremés. 

El  amor  en  el  teatro,  capricho  literario  en  cinco  cuadros,  pró- 
logo y  epílogo. 

Abanicos  y  panderetas  ó  ¡A  Sevilla  e»  el  botijo!  humorada  sa- 
tírica en  tres  cuadros,  con  música. 


,( 


Precio:  UNA  peseta